{"id":280,"date":"2020-06-24T18:09:31","date_gmt":"2020-06-24T18:09:31","guid":{"rendered":"https:\/\/web.sanchez-herrero.es\/?page_id=280"},"modified":"2020-06-24T18:51:46","modified_gmt":"2020-06-24T18:51:46","slug":"curacion-tuberculosis","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/index.php\/curacion-tuberculosis\/","title":{"rendered":"Curaci\u00f3n Tuberculosis"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/web.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-281\" width=\"771\" height=\"578\" srcset=\"https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903-300x225.jpg 300w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903-768x576.jpg 768w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Inauguracio\u0301n-Congreso-de-Medicina-1903.jpg 1890w\" sizes=\"auto, (max-width: 767px) 89vw, (max-width: 1000px) 54vw, (max-width: 1071px) 543px, 580px\" \/><figcaption> Ceremonia de inauguraci\u00f3n <em>del XIV Congreso Internacional de Medicina<\/em> que se celebr\u00f3 en el Teatro Real de Madrid  el a\u00f1o 1903<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>En el <strong>XIV Congreso Internacional de Medicina <\/strong>celebrado en Madrid en 1903 Abd\u00f3n S\u00e1nchez Herrero fue secretario y ponente en la secci\u00f3n de Neuropat\u00edas con su m\u00e9todo de psicoterapia y en la de Patolog\u00eda present\u00f3 los resultados de sus \u00faltimas experiencias en el tratamiento Curativo de la Tuberculosis Pulmonar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>EL TRATAMIENTO CURATIVO<\/strong> <strong>DE LA TUBERCULOSIS PULMONAR<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"> <strong>Dr. Abd\u00f3n S\u00e1nchez Herrero<\/strong> (conferencia)<\/p>\n\n\n\n<p>Los tratamientos de la tuberculosis pulmonar empleados hasta la fecha de los estudios y experimentos cl\u00ednicos, de los que voy a tener el honor de hablar, no han logrado disminuir de modo apreciable la mortalidad horrorosa causada por esta pandemia social. Comprendiendo en las estad\u00edsticas la de las ciudades, villas, lugares y aldeas, la cifra del 14 por 100 de la mortalidad total, fijada por Straus, para la mortalidad por tuberculosis, cifra que se eleva al 28, al 30 y a\u00fan al 32 por 100 en las grandes poblaciones, segu\u00eda y sigue siendo cierta, seg\u00fan los \u00faltimos documentos demogr\u00e1ficos que he podido consultar. Un r\u00e1pido an\u00e1lisis de los resultados de dichos tratamientos lo demostrara plenamente. <em>Sobre : la <strong>creosota,<\/strong> el <strong>guayacol <\/strong>y sus derivados<\/em>.\u2014Para el que conozca los inteligentes y pacient\u00edsimos trabajos de <strong>Burlureaux<\/strong>, sobre la acci\u00f3n de la creosota en la tuberculosis, estar\u00e1 fuera de duda que los resultados terap\u00e9uticos que este autor no haya obtenido, no ha podido ni puede obtenerlos nadie, ni de la creosota ni del guayacol ni de ninguno de sus derivados, si al guayacol han de deber sus acciones antituberculosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Empez\u00f3 el distinguido terapeuta por lo que tantos otros olvidan: por procurarse con su creosota alfa un medicamento de composici\u00f3n uniforme, demostrando de paso como la composici\u00f3n de las creosotas y a\u00fan de los guayacoles usados hasta entonces, la ten\u00edan tan variada que constitu\u00edan agentes esencialmente distintos cuyas acciones, por consiguiente, no eran comparables. Yo tengo motivos para creer que la anarqu\u00eda en la composici\u00f3n de creosotas y guayacoles continua al presente en la Farmacia pr\u00e1ctica, y sobre ella me permito llamar la atenci\u00f3n de los se\u00f1ores congresistas. Ya en posesi\u00f3n de un medicamento casi definido y de composici\u00f3n uniforme, despu\u00e9s de prolijos tanteos y experimentos adopto la disoluci\u00f3n de creosota en aceite de olivas de primera calidad, esterilizado al 15 por 100, seg\u00fan la conocida formula de <strong>Gimbert<\/strong> , como forma del remedio, y la v\u00eda subcut\u00e1nea para su administraci\u00f3n, llevando las dosis hasta extremos lindantes con la temeridad, cuando no obten\u00eda de las menores los efectos apetecidos, y cuando la tolerancia de los enfermos para el medicamento se lo consent\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma: tengo a la experimentaci\u00f3n de la creosota hecha por Burlureaux en la tuberculosis, como modelo acabado de experimentaci\u00f3n terap\u00e9utica. Y sin embargo, los accidentes del tratamiento que el mismo Burlureaux ha presenciado y tenido que lamentar, van desde los dolores intolerables en el sitio de la inyecci\u00f3n, que obligan a renunciar al tratamiento creosotado, hasta las induraciones de la piel, los abscesos y enquistamientos del medicamento inyectado, las escaras gangrenosas, los edemas en las extremidades inferiores, la presentaci\u00f3n de orinas negras, los sudores profusos con urticaria, los v\u00e9rtigos, la fiebre con malestar general, el enfriamiento y el colapso, si no con una frecuencia extraordinaria, tampoco con una rareza que consienta pasarlos por alto, y tanto menos lo consiente cuanto que dichos accidentes pueden presentarse despu\u00e9s de un largo periodo de tolerancia para el medicamento, sin aumentar las dosis y sin precederlos ning\u00fan trastorno mas leve que indique la disminuci\u00f3n o supresi\u00f3n de las mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Doscientos quince casos de tuberculosis pulmonar tratados as\u00ed por Burlureaux con la creosota, forman la parte primera y mas importante de su estad\u00edstica. De ella no ha logrado mas que cinco curaciones en sujetos de excepcional tolerancia para el medicamento, y quien sabe si se hubieran curado espont\u00e1neamente; numero de todas maneras insuficiente para acreditar un tratamiento tan dif\u00edcil y tan rodeado de positivos peligros.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto al <strong>guayacol,<\/strong> despu\u00e9s de examinar las observaciones de sus efectos antit\u00e9rmicos en embadurnamientos sobre la piel, publicadas por Sciolla, Bard, Montagnon, Guinard, Weill, Aubert, Robilliard, Linossier, Lannois, Maniat , Meibaum,Geley y otros, los casos de envenenamiento declarados por Oscar Wyss, Lepage, Anders, Devoto, Eschle,Benoit, Moncorvo y muchos m\u00e1s; los hechos extravagantes de curaci\u00f3n de la <em>granulia aguda<\/em> de Bosc y de Cerenville, que no ha cre\u00eddo nadie.y los experimentos de Alivisatos en el lupus, que tampoco han tenido confirmaci\u00f3n, concluyo haciendo m\u00edas estas palabras de Debove y Achard: <em>\u201cCl\u00ednicamente, la acci\u00f3n del guayacol es id\u00e9ntica a la de la creosota\u201d<\/em>. En la mayor parte de los enfermos que hacen uso de \u00e9l se observa una disminuci\u00f3n de la tos, un aumento de peso, etc. Los signos de intolerancia, orinas negras e hipotermia, son de temer igualmente desde que se llega a las altas dosis de dos o tres gramos. . . Los embadurnamientos de guayacol puro, o en disoluci\u00f3n alcoh\u00f3lica al 10 por 100, constituyen un medio r\u00e1pido de hacerlo absorber, pero es bastante peligroso; por esta v\u00eda el guayacol determina a las d\u00e9biles dosis de 0,25 a 0,30 centigramos, un descenso de temperatura que puede llegar al colapso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quedando juzgada la creosota, juzgado queda el guayacol y sus derivados. Juicio que yo ya tenia formado por una larga y dolorosa experiencia personal y que las observaciones citadas, sin duda de mas valor para vosotros, no han hecho m\u00e1s que confirmar y robustecer mi pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sobre el <strong>b\u00e1lsamo del Per\u00fa<\/strong>, <strong>\u00e1cido cin\u00e1mico<\/strong> y <strong>cinamato de sosa<\/strong><\/em>, por el procedimiento de <strong>Landerer<\/strong> (de Stuttgart).\u2014Este tratamiento, que inspir\u00f3 mis primeros ensayos del cinamato de sosa, pudiera parecer la base de mi propio tratamiento curativo de la tuberculosis pulmonar; y la demostraci\u00f3n, para mi muy interesante, de las diferencias esenciales entre la terap\u00e9utica antituberculosa de Landerer y mi terap\u00e9utica antituberculosa, que no tienen de com\u00fan mas que el medicamento empleado, y cuyas analog\u00edas por este concepto, son tan analog\u00edas como las de la medicaci\u00f3n purgante y las de la medicaci\u00f3n antisifil\u00edtica, cumplidas ambas con los mismos calomelanos a diferentes dosis, me obliga a hacer un an\u00e1lisis un poco mas detenido, de los prop\u00f3sitos, procederes, interpretaciones y resultados terap\u00e9uticos del distinguido cl\u00ednico del hospital Charles Olga, de Stuttgart.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de creer, aunque \u00e9l no lo diga, al menos en su \u00faltimo libro Le traitement de la tuberculose et cicatrisation des procesus tuberculeux, traducido al franc\u00e9s por Alquier 1899, que <strong><em>Alberto Landerer<\/em><\/strong> emprendiera su experimentaci\u00f3n con el <strong><em>b\u00e1lsamo del Per\u00fa<\/em><\/strong> en la tuberculosis, inspir\u00e1ndose en las viejas observaciones y afirmaciones de <strong>Morton<\/strong>, de <strong>Hoffmann<\/strong>, y de algunos de sus continuadores afortunados; para la cual empresa, parece de rigor elemental\u00edsimo, que la primera precauci\u00f3n tomada, fuera la de asegurarse bien de la legitimidad, por su procedencia y por sus caracteres f\u00edsico-qu\u00edmicos, del b\u00e1lsamo a emplear, pues todo el mundo sabe las numerosas sofisticaciones de que es objeto el b\u00e1lsamo del Per\u00fa del comercio. Pero el caso es, que de este b\u00e1lsamo leg\u00edtimo, hay, seg\u00fan <strong>Guibourt<\/strong>, dos especies aceptadas: el b\u00e1lsamo del Per\u00fa en cocos, de color pardo bastante obscuro, no trasparente, de sabor dulce y de olor muy agradable; y el b\u00e1lsamo del Per\u00fa negro, que tiene la consistencia de jarabe cocido, es de color rojo pardo muy obscuro, y transparente en l\u00e1mina delgada, despide un olor mas fuerte que el precedente, y tiene un sabor acre y amargo casi insoportable. Este \u00faltimo, seg\u00fan Bazire y Guibourt, es el de San Salvador; pero vaya usted a saber cual de los dos b\u00e1lsamos leg\u00edtimos es el leg\u00edtimamente leg\u00edtimo, ni cual de los dos habr\u00e1 empleado Landerer; \u00e9l tampoco lo dice. Soulier en su Traite de Therapeutique et de Pharmacologie, no estudia m\u00e1s que el b\u00e1lsamo del Peru negro, acre, muy arom\u00e1tico, de un olor a vainilla o a meliloto, que dice esta compuesto de: 50 por 100 de cinamina, \u00e9ter cin\u00e1mico-benc\u00edlico o cinamato de bencilo. Un \u00e9ter benzoilo-bencilico o benzoato de bencilo. 8 a 10 por 100 de acido cin\u00e1mico. Acido benzoico, y 30 por 100 de resina.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo creo que con el b\u00e1lsamo del Per\u00fa, sucede lo que sucede con todas las substancias de an\u00e1loga procedencia y parecida manera de obtenci\u00f3n; y es que tiene distinta composici\u00f3n, no solo por la distinta proporci\u00f3n de sus principios constantes, sino por la presencia de otros inconstantes, seg\u00fan la estaci\u00f3n del a\u00f1o en que se recolecte, seg\u00fan los terrenos donde crezca el \u00e1rbol balsam\u00edfero, y, no hay que decir, si como es seguro procede cuando menos de dos especies bot\u00e1nicas, seg\u00fan la especie bot\u00e1nica productora. Los efectos terap\u00e9uticos de una tal substancia, aparte de variar por las condiciones del enfermo, variar\u00e1n por la desigual composici\u00f3n del remedio. Estas son las causas, o al menos poderosas concausas, de la variedad de resultados obtenidos, a\u00fan empleando un leg\u00edtimo b\u00e1lsamo del Per\u00fa, por los experimentadores u observadores; variedad de resultados que han contribuido con las criminales falsificaciones, a desacreditar el medicamento.<\/p>\n\n\n\n<p>Y voy a entrar ya de lleno en el examen cr\u00edtico de la obra de <strong><em>Alberto Landerer<\/em><\/strong>, pudiendo asegurar, desde ahora, que si sus trabajos de terap\u00e9utica experimental han logrado un positivo adelanto de la antituberculosa, lo han logrado no m\u00e1s que por lo que tienen de experimentaci\u00f3n emp\u00edrica, no por las ideas que le han impulsado a esta experimentaci\u00f3n, las cuales, como se ver\u00e1 en seguida, son err\u00f3neas y contradictorias las m\u00e1s veces. Advierto que la edici\u00f3n francesa de su libro a la cual he de referirme, lleva un pr\u00f3logo del propio Landerer declar\u00e1ndola <em>\u201cclara, concisa, y al mismo tiempo de una escrupulosa exactitud\u201d.<\/em> Empieza sosteniendo este error fundamental: <em>\u201cCuando nos proponemos tratar una enfermedad infecciosa cr\u00f3nica, podemos seguir dos caminos: podemos dejarnos guiar por las analog\u00edas con otras enfermedades y buscar un remedio espec\u00edfico de uso interno, tal como el mercurio y el yodo en la s\u00edfilis, la quinina en la malaria, etc&#8230; pero no habi\u00e9ndose encontrado un remedio semejante para la tuberculosis, tenemos que recurrir a otro m\u00e9todo que es: La segunda v\u00eda (menos emp\u00edrica) que se nos presenta, y que consiste en observar directamente el modo de curaci\u00f3n de los focos tuberculosos en los sitios accesibles a nuestra observaci\u00f3n y en provocar artificialmente los procesos de curaci\u00f3n en los focos donde no se manifiesta ninguna tendencia espont\u00e1nea a la misma\u201d.<\/em> \u201c<em>Y como, cuando nos es dado conocer los focos tuberculosos, en la inmensa mayor\u00eda de los casos, ya contienen necrobiosis celulares, caseificaciones tuberculosas, o destrucciones de tejido, el proceso de curaci\u00f3n que debemos provocar, es la cicatrizaci\u00f3n, conducir los procesos tuberculosos al estado de cicatrices<\/em> <em>solidas; tal es en estos momentos la tarea de la terap\u00e9utica\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De manera que lo que <strong>Landere<\/strong>r busca no es un medicamento espec\u00edfico de la tuberculosis, sino un cicatrizante de sus lesiones, dando por supuesto que las dos acciones pueden darse separadas, y que encontrado, lo mismo deb\u00eda ser cicatrizante de las ulceraciones tuberculosas, que de las sifil\u00edticas, de las leprosas, de las escorb\u00faticas, de las pelagrosas y de toda casta de ulceraciones, hasta de las cancerosas; pues conducir los procesos cancerosos al estado de cicatrices solidas, tambi\u00e9n ser\u00eda en este momento y en todos los momento una tarea merit\u00edsima de la terap\u00e9utica. Ya en este terreno falso, el cl\u00ednico alem\u00e1n no puede dar un paso seguro. Aferrado al error de los errores de Virchow de que la inflamaci\u00f3n es algo id\u00e9ntico siempre a si mismo, y que es adem\u00e1s una reacci\u00f3n saludable y un exceso de nutrici\u00f3n defensiva y reparadora. \u201c<em>Nosotros<\/em>\u201d, dice en letra bastardilla, \u201c<em>debemos, por tanto, tener por objeto en las lesiones tuberculosas, provocar artificialmente esta inflamaci\u00f3n que consiga una cicatriz\u201c<\/em>, y creyendo que lo que falta en los focos tuberculosos, pobres en vasos o desprovistos de ellos, es la inflamaci\u00f3n bienhechora, <em>\u201cyo he procurado<\/em>\u2014concluye\u2014<em>obtener una inflamaci\u00f3n as\u00e9ptica de tales focos por medios qu\u00edmicos\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Con la obsesi\u00f3n de la inflamaci\u00f3n cicatrizante, los primeros intentos de Landerer para provocarla en los focos tuberculosos pulmonares, fueron otros tantos desastres. Desech\u00f3, como era l\u00f3gico, a partir de su error, todas las substancias solubles, como el sublimado y el \u00e1cido f\u00e9nico, que hab\u00edan de difundirse determinando una intoxicaci\u00f3n, sin mantener sus acciones flog\u00f3genas locales, y se ech\u00f3 a buscar substancias poco o nada solubles, que llevadas a dichos focos, ocasionaran y mantuvieran esas acciones, y que <em>\u201dfueran al mismo tiempo antis\u00e9pticas\u201d<\/em> \u00bfPara que? Seg\u00fan sus ideas con que fueran ellas as\u00e9pticas bastaba. Ya inicia aqui una contradicci\u00f3n que desarrolla inmediatamente. Se dirigi\u00f3 primero al yodoformo y, claro, en inyecciones parenquimatosas para que no hiciera ni m\u00e1s ni menos, que lo que se le pedia; mal pedido, porque el yodoformo no es flog\u00f3geno, es antis\u00e9ptico y por tanto, anti-inflamatorio. La contradicci\u00f3n es evidente. Pero tuvo miedo a la intoxicaci\u00f3n por el yodoformo, los resultados no fueron favorables, ni siquiera en las lesiones tuberculosas externas, y lo abandon\u00f3. Otros agentes: el subnitrato de bismuto, el \u00f3xido de zinc, el acido salic\u00edlico, le resultaron a\u00fan peores. \u201cYo tuve entonces &#8211; declara &#8211; <em>ocasi\u00f3n de apreciar el b\u00e1lsamo del Per\u00fa, como un excelente antituberculoso.<\/em>\u00bb Aunque a lo de excelente tengamos que rebajarlo algo, como antituberculoso aconsejado no era ciertamente una novedad. \u00bfPero en qu\u00e9 quedamos? \u00bfBusca <strong>Landerer<\/strong> una inflamaci\u00f3n o una acci\u00f3n antituberculosa especifica? Porque ahora de esto ultimo trata. Y dicho y hecho. Practic\u00f3 inyecciones intersticiales de una emulsi\u00f3n de <strong>b\u00e1lsamo del Per\u00fa,<\/strong> en los focos tuberculosos perif\u00e9ricos. No le dieron resultado ninguno, porque 150 autopsias de tuberculosos con fungus \u00f3seos y articulares, le demostraron que la causa de la muerte hab\u00eda sido siempre o casi siempre, la tuberculosis interna. No hab\u00eda mas remedio que atacar los focos internos y los atac\u00f3 de la misma manera; con inyecciones parenquimatosas de emulsi\u00f3n de b\u00e1lsamo del Per\u00fa en el pulm\u00f3n. Estas experiencias debieron ser tambi\u00e9n desgraciadas, porque las public\u00f3 en 1889, sin consignar resultados, y en el libro que examino, ni las menciona siquiera. Suponiendo que los focos tuberculosos nacen siempre por el mecanismo emb\u00f3lico, constituyendo los \u00e9mbolos uno o m\u00e1s bacilos arrancados del sitio donde se desarrollan y acarreados por la corriente sangu\u00ednea, crey\u00f3 que la mejor manera de llegar a ellos la emulsi\u00f3n bals\u00e1mica era inyectarla en las venas y a la objeci\u00f3n presunta de que las granulaciones de dicha emulsi\u00f3n no tendr\u00edan bastante conocimiento para ir a fijarse precisamente en los focos tuberculosos, contesta por adelantado con las experiencias de <em><strong>Schillier<\/strong><\/em>, de <strong><em>Ribbert,de Orth,<\/em><\/strong> y de <strong><em>Wissckowitsch,<\/em><\/strong> demostrativas de que las inyecciones intravenosas de elementos corpusculares inorg\u00e1nicos (cinabrio) y organizados (bacterias), ocasionan el dep\u00f3sito preponderante de los corp\u00fasculos en los sitios donde previamente se determina una inflamaci\u00f3n o una lesi\u00f3n, teniendo cuidado de que las granulaciones sean menores que los gl\u00f3bulos rojos, de lo cual hay que cerciorarse por el examen microsc\u00f3pico. Y a vueltas con variaciones en la manera de preparar la emulsi\u00f3n, primero con goma, despu\u00e9s con yema de huevo y siempre en suero artificial, alcalinizado con hidrato de sosa, as\u00ed procedi\u00f3, con dicha emulsi\u00f3n de <strong><em>b\u00e1lsamo del Per\u00fa<\/em><\/strong>, titul\u00e1ndola al 1 por 100, inyect\u00e1ndola en las venas de la flexura del codo a la dosis de un cent\u00edmetro c\u00fabico o sea, un centigramo de substancia activa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto le encontr\u00f3 inconvenientes serios, de los cuales eran los principales que provocaban una opresi\u00f3n de pecho con dispnea muy alarmante, debida seg\u00fan le ense\u00f1aron los experimentos que hizo en la rana, a verdaderas embolias capilares en los pulmones; los repetidos fracasos y las dificultades de la t\u00e9cnica de la preparaci\u00f3n y de la conservaci\u00f3n del medicamento. Lo sustituy\u00f3 con la emulsi\u00f3n en el huevo, siempre bien alcalinizada con hidrato de sosa, de acido cin\u00e1mico. Bueno ser\u00e1 advertir de pasada, que Landerer no ha empleado jam\u00e1s el <strong><em>acido cin\u00e1mico<\/em><\/strong>, como \u00e9l cree, sino el <strong><em>cinamato de sosa<\/em><\/strong> formado en su emulsi\u00f3n al alcalinizarla con hidrato de sosa, y que el emulsionar el acido previamente, era una operaci\u00f3n in\u00fatil, y aun perjudicial, puesto que el cinamato de sosa hab\u00eda de disolverse al cabo. El huevo emulsionado, \u00fanica cosa emulsionada en la pretendida emulsi\u00f3n de \u00e1cido cin\u00e1mico, sigui\u00f3 haciendo fechor\u00edas, inyectado en las venas, y por fin Landerer, se decidi\u00f3 a prescindir de emulsiones y a apelar a disoluciones limpias y puras de cinamato de sosa en agua destilada. Claro que con ello se ven\u00eda a tierra la teor\u00eda a tanta costa elaborada del dep\u00f3sito de granulaciones flog\u00f3genas en los focos tuberculosos, y de la inflamaci\u00f3n cicatrizante; pero todav\u00eda la defiende su autor contra viento y marea.<\/p>\n\n\n\n<p>Por experimentos realizados en los conejos y por las autopsias de los tuberculosos muertos, reconstruye el proceso anat\u00f3mico de la cicatrizaci\u00f3n de las lesiones tuberculosas, suscitado por estos medicamentos, dividi\u00e9ndolo en cuatro periodos, que son algo diferentes, seg\u00fan que hubiese empleado la emulsi\u00f3n bals\u00e1mica hecha con goma, la hecha con huevo, la pretendida emulsi\u00f3n de acido cin\u00e1mico, o la disoluci\u00f3n de cinamato de sosa. El primer periodo estar\u00eda constituido por la dilataci\u00f3n de los capilares y un ac\u00famulo enorme de leucocitos en la periferia de los focos tuberculosos: periodo de leucocitosis. El segundo per\u00edodo ya se caracterizar\u00eda por la formaci\u00f3n de una verdadera muralla leucoc\u00edtica alrededor de los focos tuberculosos, y por el principio de la emigraci\u00f3n de gran numero de leucocitos multinucleares al interior de los n\u00f3dulos, y a los tabiques alveolares: periodo o estado de enquistamiento. En el tercer per\u00edodo ya encontr\u00f3 los tub\u00e9rculos rodeados de tejido conjuntivo j\u00f3ven y vascularizado, el cual penetraba tambi\u00e9n, en los n\u00f3dulos tuberculosos: estado de penetraci\u00f3n y de escolarizaci\u00f3n, en el cual, los bacilos habr\u00edan casi desaparecido. Y por fin, en el cuarto per\u00edodo, el tejido conjuntivo joven, ya aparecer\u00eda convertido en tejido de cicatriz: estadio de cicatrizaci\u00f3n y de retracci\u00f3n, en el cual ya no encontr\u00f3 bacilos.<\/p>\n\n\n\n<p>De los fen\u00f3menos mencionados, que se extendian a veces a las partes sanas del pulm\u00f3n, corresponder\u00edan los mas acentuados y hasta violentos a la emulsi\u00f3n gomosa, descender\u00edan un tanto con la de b\u00e1lsamo al huevo, descender\u00edan a\u00fan m\u00e1s con la emulsi\u00f3n de \u00e1cido cin\u00e1mico, y quedar\u00edan reducidos a un m\u00ednimum, con la disoluci\u00f3n de cinamato de sosa. Y sin embargo, esta disoluci\u00f3n fue la definitivamente adoptada. Tal proceso anat\u00f3mico no ha podido ser reproducido por <strong><em>Krompecher<\/em><\/strong> en los conejos del <strong><em>Instituto Pasteur<\/em><\/strong>. <\/p>\n\n\n\n<p>Ya adoptada la disoluci\u00f3n acuosa de <strong><em>cinamato de sosa<\/em><\/strong>, Landerer la titula primero al <strong>1 por 100 <\/strong>de substancia activa, y luego al <strong>4 por 100<\/strong>. Empieza por inyectar un miligramo de cinamato cada dos d\u00edas, ya en las venas de la flexura del codo, siempre que se trata de adultos, ya en las masas musculares de las regiones gl\u00fateas cuando se trata de ni\u00f1os o de mujeres con sistema venoso poco desarrollado. Cada semana aumenta uno o dos miligramos, hasta llegar a la dosis de dos centigramos y medio cada dos d\u00edas, lo que equivale a un centigramo y cuarto de cinamato de sosa diario. Solo en alg\u00fan caso ha llegado a inyectar siempre cada dos d\u00edas, <strong>cinco centigramos<\/strong>, porque a la dosis de diez centigramos, que puso por excepci\u00f3n al principio, ha renunciado completamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En las inyecciones gluteales aumenta la dosis de un tercio a la mitad, es decir, inyecta miligramo y medio al principio y hasta cuatro centigramos al fin, en d\u00edas alternos. La dosis m\u00e1xima diaria de Landerer es, por consiguiente, dos centigramos y medio de cinamato de sosa. Si se comparan estas dosis con <strong>mis dosis<\/strong> de <strong>veinte a sesenta<\/strong> centigramos diarios de cinamato de sosa, se tendr\u00e1 que convenir en que mi tratamiento de la tuberculosis pulmonar es esencialmente distinto del tratamiento de Landerer. Luego, este autor no hace estad\u00edstica de los resultados obtenidos; publica sus observaciones dividi\u00e9ndolas por categor\u00edas de enfermos, y hecha por mi la reducci\u00f3n a n\u00fameros de dichas observaciones, me encuentro con el extra\u00f1o fen\u00f3meno de que de los tuberculosos que llama avanzados con o sin cavernas, pero sin fiebre, no ha curado mas que el <strong><em>10 y medio por 100<\/em><\/strong>; y en cambio de los tuberculosos que llama avanzados con fiebre, ha curado el 20 por 100, y de los casos de tuberculosis galopante ha curado el 11 y tres cuartos por 100; por donde llegamos a la conclusi\u00f3n estrafalaria de que las tuberculosis febriles y las galopantes avanzadas, son menos graves o mas curables que las apir\u00e9ticas. De lo cual confieso que no me he convencido.<\/p>\n\n\n\n<p>De todas maneras, si una epidemia ataca a una poblaci\u00f3n de 100.000 habitantes, y a sus m\u00e9dicos se les mueren 80.000, no creo que los tales m\u00e9dicos puedan pretender haber descubierto un remedio heroico, ni menos salvador, contra la tal epidemia. Menos puede pretenderlo Landerer respecto a la tuberculosis, por cuanto todos sabemos muy bien sabido que m\u00e1s del 20 por 100 de los tuberculosos se curan espont\u00e1neamente. Se me dir\u00e1 tal vez, que no tengo en cuenta las mejor\u00edas obtenidas por este y por los otros tratamientos. Cierto; \u00bfpero es que en una buena estad\u00edstica m\u00e9dica, mejor\u00eda y fracaso no significan lo mismo? La marcha de todas las enfermedades es oscilante, y la tuberculosis ofrece con much\u00edsima frecuencia, sin auxilio terap\u00e9utico alguno, esas mejor\u00edas aparentes o reales, que no hay motivo justificado para poner a la cuenta de ning\u00fan tratamiento. Es hora y ocasi\u00f3n, me parece, la hora y la ocasi\u00f3n presente, de hablar claro.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre <strong><em>arsenicales<\/em><\/strong>: cacoclilato de sosa y sus derivados.\u2014La prueba mas concluyente de que no pose\u00edamos hasta ahora ning\u00fan tratamiento ni medicamento eficaz contra la tuberculosis, es que hemos vuelto a resucitar por mil\u00e9sima vez, los arsenicales para administr\u00e1rselos a los tuberculosos. Desde los tiempos de Diosc\u00f3rides Anazarbeo, all\u00e1 por los comienzos de la era cristiana, estos medicamentos han pasado por periodos muy largos de descr\u00e9dito, y por per\u00edodos muy cortos de moda, en la terap\u00e9utica antituberculosa. Ahora est\u00e1 pasando uno de estos \u00faltimos. Ante un hecho semejante, podr\u00eda dudarse del valor de la experiencia cl\u00ednica como fuente de conocimiento terap\u00e9utico, puesto que, al parecer, no se ha bastado para demostrar, en tantos siglos de observaciones, la eficacia o la ineficacia de los arsenicales en la tuberculosis. Pero la experiencia cl\u00ednica, ha demostrado de sobra lo que ten\u00eda que demostrar, y no tiene ella la culpa de que haya experimentadores precipitados o incapaces para depurar e interpretar los hechos, verdaderos responsables de esos ensalzamientos irreflexivos de medicamentos definitivamente juzgados, o de medicamentos que todav\u00eda no han podido juzgarse. Este y no otro es el origen de las irracionales modas terap\u00e9uticas, tan contrarias a la seriedad y al car\u00e1cter de esta ciencia. Los leg\u00edtimos representantes de la verdadera experiencia. han hablado hace siglos como hablaron a mediados del pasado dos de los mas grandes cl\u00ednicos contempor\u00e1neos, <strong><em>Trousseau<\/em><\/strong> y <strong><em>Pidoux<\/em><\/strong>, de los arsenicales en la tuberculosis. Dicen as\u00ed: \u201c<em>\u00bfSer\u00e1 cierto que Beddoes, citado por Girdlestone, haya tratado con feliz \u00e9xito a un t\u00edsico, cuyos dos hermanos hab\u00edan muerto de consunci\u00f3n mesent\u00e9rica; que Bernhardt haya curado una multitud de ni\u00f1os afectados de tabes o tub\u00e9rculos abdominales, haci\u00e9ndoles tomar tres veces al d\u00eda cortas dosis de un preparado arsenical, y que Ferriar haya administrado con ventaja a varios ni\u00f1os que padec\u00edan coqueluche, la disoluci\u00f3n de Fowler, en todos los per\u00edodos de la enfermedad? Nosotros<\/em> <em>hemos hecho algunos ensayos en t\u00edsicos y en enfermos atacados de catarro<\/em> <em>cr\u00f3nico de la laringe. En los t\u00edsicos no hemos obtenido curaciones completas; hemos logrado la suspensi\u00f3n de algunos accidentes graves en una enfermedad, cuya marcha fatal nada es capaz de contener. Hemos visto moderarse la diarrea, disminuir la fiebre h\u00e9ctica, perder la tos una parte de su frecuencia, mejorar de aspecto la materia de la expectoraci\u00f3n; pero no hemos curado. Se formaban y reblandec\u00edan nue<\/em>vos <em>tub\u00e9rculos y venia la muerte, si bien mas tarde, inevitablemente como siempre\u201d <\/em>Y as\u00ed siguen hablando los cl\u00ednicos. Y as\u00ed estaba el asunto de los arsenicales en la tuberculosis, contra la que se administraban por tradici\u00f3n a t\u00edtulo de t\u00f3nicos directos seg\u00fan unos, de t\u00f3nicos indirectos o agentes de ahorro seg\u00fan otros, o de bactericidas seg\u00fan los de mas all\u00e1 (<strong><em>Buchner, 1883<\/em><\/strong>); t\u00f3nicos a los cuales hab\u00eda al fin que renunciar por in\u00fatiles y mas frecuentemente por intolerancia gastro-intestinal de los enfermos, cuando el 30 de Mayo de <strong><em>1899 Renaut<\/em><\/strong>, de Lyon, ley\u00f3 a la Academia de Medicina de Par\u00eds el primer trabajo sobre la acci\u00f3n en la tuberculosis de unos arsenicales reci\u00e9n introducidos en la terap\u00e9utica, con otros fines, por Jocklein, Danlos y Balzer, aunque conocidos en Qu\u00edmica desde 1840, que los obtuvo Bunsen: el \u00e1cido cacod\u00edlico y el cacodilato de sosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al <strong><em>\u00e1cido cacod\u00edlico<\/em><\/strong> se renunci\u00f3 en seguida porque result\u00f3 tan t\u00f3xico como los otros arsenicales, pero el cacodilato de sosa empez\u00f3 a reputarse medicamento maravilloso por la sola circunstancia de que, conteniendo una proporci\u00f3n enorme de ars\u00e9nico, era poco o nada t\u00f3xico. Renaut, no obstante, y dicho sea en honor suyo, present\u00f3 el cacodilato de sosa, pura y simplemente como un arsenical m\u00e1s, siquiera fuera menos peligroso que los otros, al cual deb\u00eda ser aplicable la experiencia de los siglos sobre los dem\u00e1s arsenicales conocidos. Pero en la sesi\u00f3n siguiente de la misma Academia, Mr. Armand Gautier, el distinguido qu\u00edmico, al que tantos conocimientos debemos de qu\u00edmica org\u00e1nica, se levant\u00f3 a decir una porci\u00f3n de cosas, siendo estas las principales: que hab\u00eda tratado con \u00e9xito por el cacodilato de sosa, varios casos de tuberculosis confirmada; que Mr. Renaut hab\u00eda presentado el cacodilato de sosa como un arsenical, cuando, seg\u00fan su opini\u00f3n, era un medicamento nuevo cuyas acciones eran completamente diferentes de las de los arsenicales; que hace descender la fiebre excitando la asimilaci\u00f3n y aumentando r\u00e1pidamente el peso del cuerpo; que el est\u00f3mago lo soporta indefinidamente, a la dosis de 0,10 centigramos, y a\u00fan a la de 0,20 centigramos por d\u00eda, y por \u00faltimo, di\u00f3 reglas fijas y seguras y sobre la t\u00e9cnica de su administraci\u00f3n, sobre las indicaciones de sus aumentos, disminuciones y suspensiones, y explic\u00f3 las cosas que hace en el organismo. De esta sesi\u00f3n Mr. Renaud y Mr. Robin, que habl\u00f3 de la acci\u00f3n de los arsenicales, para darle la raz\u00f3n a M. Gautier, salieron un poco atropellados.<\/p>\n\n\n\n<p>Desgraciadamente el mismo M. Armand Gautier, a los cuatro meses escasos, hab\u00eda variado de opini\u00f3n y se present\u00f3 a la Academia a declarar que aquello de la tolerancia indefinida del est\u00f3mago para el cacodilato, no era verdad: present\u00e1ndose al cabo los mismos, mism\u00edsimos fen\u00f3menos de intoxicaci\u00f3n con \u00e9l, que con el \u00e1cido arsenioso, incluso el olor ali\u00e1ceo del aliento; que la ingesti\u00f3n prolongada del cacodilato provocaba albuminuria; y que \u00e9stos accidentes se evitaban dando el medicamento exclusivamente en inyecciones hipod\u00e9rmicas. M. Dalche le contest\u00f3 que no hab\u00eda observado nada parecido, a pesar de haber sostenido la medicaci\u00f3n cacod\u00edlica varias semanas sin interrupci\u00f3n; que lo \u00fanico que hab\u00eda observado era, que las lesiones pulmonares se modificaban poco, sin duda, por no quitar al maestro todas las ilusiones de repente, diciendo que las tales lesiones no se modificaban nada, ni su marcha destructora tampoco, cosa a la que se atrevi\u00f3 M. Galliard. Luego en la Academia de Ciencias, le dieron la raz\u00f3n a M. Robin sobre la acci\u00f3n de los arsenicales viejos y a M. Renaut sobre la identidad de acciones con las de \u00e9stos, de los arsenicales nuevos, y en la Sociedad de los Hospitales de Paris MM. Widal, Hayem,Hirtzy alg\u00fan otro siguieron empujando al cacodilato hasta dejarlo perfectamente colocado entre los dem\u00e1s arsenicales.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de Francia, Renzi public\u00f3 los experimentos hechos en el laboratorio de su cl\u00ednica por Cafiero, con el cacodilato de sosa, sin ning\u00fan resultado positivo en los conejos tuberculosos, y, Cardile (de N\u00e1poles), dijo que el medicamento no modifica las lesiones pulmonares; en la misma Francia Roustan opina como Cardile y Langlois como Renzi y Cafiero; y en Espa\u00f1a ni llegamos a entusiasmarnos con el cacodilato, ni hemos tenido que lamentar, por su fracaso, un gran desenga\u00f1o. El hecho es que ha muerto como antituberculoso y quedado reducido a la categor\u00eda del licor arsenical de Fowler.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre <strong><em>tuberculinas y sueros antituberculosos<\/em><\/strong>.\u2014Yo creo que en un trabajo de esta clase puedo dispensarme de hablar de la tuberculina primera de <strong>Kock<\/strong>, de su tuberculina residual o restante, hasta de las mas nuevas; oxituberculina de Hirschfelder y Modielli, tuberculina de Behring, tuberculina de Denis o de Louvain etc., porque las que han salido de los laboratorios, han salido para fracasar estrepitosamente, seg\u00fan sabe ya todo el mundo y las que no han salido, ni deben salir, ni pertenecen a mi tesis presente. De los sueros antituberculosos o as\u00ed llamados, al menos por sus autores, solamente el de <strong><em>Maragliano<\/em><\/strong> me detendr\u00e1 un momento por ser el \u00fanico que se explota. Y para juzgarlo con acierto, lo mejor ser\u00e1 transcribir las propias conclusiones de su autor, en la comunicaci\u00f3n le\u00edda al Congreso de la tuberculosis de 1898 que es su publicaci\u00f3n principal. Dicen as\u00ed: \u201c<em>\u00bfSe puede por tanto esperar poder tener (textual) en la seroterapia un medio para combatir con \u00e9xito en el hombre la tuberculosis?\u201d \u201cPara responder a una tal cuesti\u00f3n es necesario ver ante todo la extensi\u00f3n que se le quiere dar\u201d \u201cSi se pide un medio que sea capaz de curar la tuberculosis en sujetos en Ios cuales la infecci\u00f3n ha creado ya focos pneum\u00f3nicos extensos, destru\u00eddo pedazos de pulm\u00f3n, desgastado el organismo, producido la caquexia, yo respondo que la seroterapia no es capaz de combatir la tuberculosis en esas condiciones\u201d \u201cSi se pide un medio que sea capaz de curar en los t\u00edsicos la toxemia y a\u00fan la septicemia que proceden de esas asociaciones microbianas dominantes en cierto momento de la situaci\u00f3n morbosa, yo respondo: el suero no es ese medio\u201d \u201cPero si uno se contenta con tener un medio que sea capaz de combatir la tuberculosis, cuando el organismo no esta todav\u00eda envenenado y es todav\u00eda capaz de desempe\u00f1ar su papel en la lucha, yo os respondo que en el estado actual de la cuesti\u00f3n, a\u00fan d\u00e1ndome cuenta de las lagunas experimentales y de observaci\u00f3n, y recordando, sobre todo, que las antitoxinas obtenidas, no tienen todav\u00eda toda la potencia deseable, es permitido decir con convicci\u00f3n, que se puede esperar tener en el suero, el medio pedido\u201d<\/em> Tantas reservas, circunloquios y salvedades, no son ciertamente a prop\u00f3sito para comunicar a nadie esa convicci\u00f3n que Maragliano no siente \u00e9l mismo. Y una de dos: o sus estad\u00edsticas han sido hechas con enfermos de diagn\u00f3stico dudoso, o no justifican sus salvedades, circunloquios y reservas. Porque todo tuberculoso con bacilos en los esputos esta intoxicado por la toxina o las toxinas tuberculosas y adem\u00e1s es dif\u00edcil encontrar un tuberculoso efectivo, con localizaciones pulmonares, que no tenga asociaciones microbianas en las v\u00edas a\u00e9reas. Por \u00faltimo, si el suero no es antit\u00f3xico \u00bfque es? \u00bfantibacilar acaso? Ni lo uno ni lo otro. No perdamos el tiempo lastimosamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre <strong><em>otros medicamentos<\/em><\/strong>.\u2014De los otros mal llamados remedios contra la tuberculosis he experimentado tambi\u00e9n por m\u00ed mismo durante mi ya larga pr\u00e1ctica, los hipofosf\u00edtos, el jarabe sulfof\u00e9nico, las inhalaciones de \u00e1cido fluorh\u00eddrico, las inyecciones rectales de \u00e1cido carb\u00f3nico sulfurado, las inhalaciones de \u00e1cido \u00f3smico, las inhalaciones de bacterium termo, las inyecciones de eucaliptol, las inyecciones de suero de perro, las de suero de cabra y los modernos glicero-fosfatos, que no han sido mal negocio para la industria farmac\u00e9utica. Todos ellos son in\u00fatiles cuando no perjudiciales, y de ello tengo un testigo en cada m\u00e9dico si de verdadera tuberculosis se trata.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre los <strong><em>sanatorios para tuberculosos<\/em><\/strong>.\u2014La idea de fundar sanatorios para tuberculosos naci\u00f3 a mediados del siglo \u00faltimo, de este razonamiento, al parecer, tan l\u00f3gico como sencillo: la tuberculosis pulmonar es espont\u00e1neamente curable, puesto que encontramos curadas de larga fecha sus lesiones, en cad\u00e1veres de sujetos fallecidos a consecuencia de otros males; la terap\u00e9utica farmacol\u00f3gica no ha logrado hasta ahora encontrar un remedio eficaz contra la tuberculosis, luego este remedio se encontrar\u00e1 en la higiene, y la misi\u00f3n del medico esta claramente determinada por los hechos: someter al tuberculoso, de modo artificial, a aquellas condiciones curativas de vida higi\u00e9nica que, reunidas por casualidad y sin otros recursos, han debido curar a los curados. Pero a este razonamiento, en apariencia tan concluyente, le faltaba y le falta para serlo una peque\u00f1a circunstancia, y es a saber: la demostraci\u00f3n de que las condiciones higi\u00e9nicas artificiales a que puede someter el director de un sanatorio a los tuberculosos, son las mismas condiciones naturales que han curado y curan a muchos o pocos tuberculosos sin intervenci\u00f3n terap\u00e9utica. No basta creer por estas casualidades en la tendencia natural de la tuberculosis a la curaci\u00f3n, ni decir con <strong><em>Grancher<\/em><\/strong> que la tuberculosis es la mas curable de las enfermedades cr\u00f3nicas, ni con alg\u00fan otro autor franc\u00e9s, que la mayor parte de los individuos humanos hemos sido, somos o seremos tuberculosos, porque la verdad persistente y desoladora hasta hoy es la mortalidad horrenda por tuberculosis, y la cuesti\u00f3n es saber si los sanatorios pueden o no pueden disminuirla. Por de pronto los sanatorios actuales tienen los siguientes inconvenientes, adem\u00e1s del inconveniente capital de <strong><em>no ser econ\u00f3micos<\/em><\/strong> ni, por consiguiente, aplicables a 999 tuberculosos de cada 1.000: primero, el aislamiento del enfermo; segundo, la disciplina a que se le somete, y tercero, la sepsis forzosa del establecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El sanatorio<\/strong> para tuberculosos, tal y como lo entienden sus partidarios, tiene algo de c\u00e1rcel, algo de secuestro, algo de pena que apena, y que apena m\u00e1s por ser impuesta sin culpa. Y el que el tuberculoso viva apenado y preso, aunque sea por obra de la esperanza de su curaci\u00f3n, es para muchos tan malo como el aire infecto y como el agua impura. Yo no he visto en ning\u00fan reglamento de sanatorio de esta clase nada que se relacione con la higiene del esp\u00edritu, nada que despierte, conforte, excite y vigorice las energ\u00edas ps\u00edquicas. Todos hablan de los tuberculosos como si fueran animales a los que es menester engordar a todo trance; descienden a todos los detalles de la vida animal, sin comprenderlos bien todos: buen aire, golpe de esponja y de rasqueta para que les brille el pelo o la piel, seis comidas diarias para est\u00f3magos de buitre, y a tumbarse entre sol y sombra, previos algunos pase\u00edtos cortos para ayudar a la digesti\u00f3n. La prueba de que la separaci\u00f3n de su familia, y esta disciplina a toque de campana, son intolerables para los tuberculosos, es que la mayor parte abandonan el establecimiento antes del tiempo prefijado para su tratamiento, lo mismo si se sienten aliviados, que si no encuentran mejor\u00eda. La antisepsia de estos Sanatorios, que sus partidarios encomian como una de sus principales ventajas, es sencillamente imposible, como no se les llenen a los enfermos las narices y la boca de gasa antis\u00e9ptica y entonces se ahogar\u00edan. Porque no esta todo resuelto con recoger y quemar los esputos; seria necesario que los tuberculosos no estornudasen, ni tosiesen ni hablasen; con cada estornudo, con cada golpe de tos, y con cada s\u00edllaba que pronuncian, lanzan al aire cientos o miles o millones de bacilos tubercul\u00edgenos. Nadie los ha contado pero much\u00edsimos observadores los hemos recogido y visto y cultivado. Y todas aquellas privaciones del cari\u00f1o y de los cuidados de la familia, y toda la sumisi\u00f3n a una disciplina inaguantable, y el peligro mas positivo de recontagio. \u00bfPara que? Para que en <strong><em>Falkenstein<\/em><\/strong>, la Meca de los tisi\u00f3logos, seg\u00fan Debove y Achard, no se curen ni <strong>10<\/strong> tuberculosos de cada <strong>100<\/strong>, se mueran 4 en el establecimiento y se vayan a morir a su casa mas de 86.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al <strong><em>aspecto econ\u00f3mico <\/em><\/strong>de los sanatorios para tuberculosos, unas cuantas cifras, resumen de muy largos estudios, demostrar\u00e1n que son inaplicables a 3.999 de cada 4.000, los actuales sanatorios particulares cuyos gastos e intereses del capital empleado, hayan de sufragar los enfermos, y que para albergar y tratar gratuitamente a los que no pueden pagar el sanatorio particular, no hay Gobierno que disponga del dinero necesario. Mueren en Espa\u00f1a cada a\u00f1o unos 50.000 tuberculosos, mas bien m\u00e1s que menos; si suponemos que cada tuberculoso muerto deja nada mas que dos tuberculosos vivos, lo cual es suponer un m\u00ednimun muy lejos de la realidad, tendremos en <strong><em>Espa\u00f1a <\/em><\/strong>a toda hora 100.000 tuberculosos necesitados de tratamiento. De estos 100.000 tuberculosos no llegan a 10.000 los que pueden pagar un sanatorio, y de los cuales despu\u00e9s de pagarlo se morir\u00edan 9.000 por lo menos. Para los 90.000 restantes tendr\u00eda la Beneficencia P\u00fablica que construir y sostener los sanatorios correspondientes. La construcci\u00f3n costar\u00eda, haci\u00e9ndola muy modesta, 500.000.000 de pesetas y el sostenimiento unos 400.000.000 anuales. M\u00e1s que una buena escuadra. Y todo por el gusto de retrasar, si acaso, y cuando m\u00e1s durante unos meses, la muerte de 81.000 de los albergados y tratados, pues los sanatorios no podr\u00edan atribuirse siquiera la curaci\u00f3n de los 9.000 curados, porque es mas que probable que se hubieran curado sin ingresar en el respectivo sanatorio. De todas suertes, y hablando en yanki, 9.000 tuberculosos curados no valen 400.000.000 (cuatrocientos millones) de pesetas al a\u00f1o, dando de barato los quinientos millones, tambi\u00e9n de pesetas, de las construcciones. La higienizaci\u00f3n preventiva y curativa de la tuberculosis, no hay que buscarla en los sanatorios, sino en las viviendas y en las poblaciones; y si, como preservativa reconozco su eficacia, siempre que la higiene comprenda la educaci\u00f3n y la instrucci\u00f3n de los pueblos, como curativa no puedo concederle tan decisivo poder, en vista de los resultados terap\u00e9uticos obtenidos en los sanatorios, aunque la crea auxiliar indispensable de todo otro tratamiento antituberculoso. Y como la preservaci\u00f3n de la plaga no es mi objeto ahora, sino la curaci\u00f3n, me limito a aplaudir los esfuerzos bienhechores de los higienistas, y sigo mi labor puramente cl\u00ednica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hac\u00eda veinticinco a\u00f1os que apenas se habr\u00eda pasado alguno sin experimentar yo alg\u00fan tratamiento nuevo contra la tuberculosis pulmonar, siempre con el fracaso absoluto como t\u00e9rmino de mis experimentos, cuando le toc\u00f3 la vez al <strong>tratamiento<\/strong> de <strong><em>Landerer<\/em><\/strong>. Siguiendo mi costumbre, al tratar de experimentos cl\u00ednicos de comprobaci\u00f3n de resultados obtenidos por otros, empec\u00e9 y continu\u00e9 este tratamiento, hasta convencerme de su ineficacia, sin modificar en lo mas m\u00ednimo el medicamento ni la t\u00e9cnica de su aplicaci\u00f3n establecida por su autor: disoluci\u00f3n de cinamato de sosa en agua destilada al 1 por 100 al principio, al 4 por 100 despu\u00e9s, debidamente esterilizadas; inyecciones intravenosas en las de la flexura del codo, o gluteales en d\u00edas alternos, a la dosis inicial de un miligramo de substancia activa, y progresivamente aumentando hasta la dosis m\u00e1xima de cinco cent\u00edgramos. Seis tuberculosos trat\u00e9 de este modo y, por casualidad, viviendo los seis en condiciones higi\u00e9nicas inmejorables, cinco de ellos en mi sanatorio, el otro, una joven de familia millonaria, en un hotel adquirido exprofeso, y mejor que en mi sanatorio.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/web.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-1024x464.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-180\" width=\"787\" height=\"356\" srcset=\"https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-1024x464.jpeg 1024w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-300x136.jpeg 300w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-768x348.jpeg 768w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-1536x696.jpeg 1536w, https:\/\/www.sanchez-herrero.es\/wp-content\/uploads\/2020\/06\/Sanatorio-del-Pilar-600-Detalle-2048x927.jpeg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 767px) 89vw, (max-width: 1000px) 54vw, (max-width: 1071px) 543px, 580px\" \/><figcaption>Sanatorio Ntra. Sra. Pilar en Madrid del que Abd\u00f3n S\u00e1nchez Herrero fue director y propietario hasta su muerte en 1904. Su hijo Abd\u00f3n Guillermo le sucedi\u00f3 durante algunos a\u00f1os m\u00e1s.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>Mi primer caso fue un pobre farmac\u00e9utico de Segovia, de 38 a\u00f1os, tuberculoso de los que se diagnostican a simple vista, lindando en la caquexia, con fiebre h\u00e9ctica, subcont\u00ednua, con signos cavitarios en los dos pulmones, con ulceraciones tuberculosas en la laringe, con tos penos\u00edsima y expectoraci\u00f3n abundante y caracter\u00edstica. Hecho el ex\u00e1men bacteriol\u00f3gico de los esputos, resultaron con enjambres de bacilos. En fin, un t\u00edsico como los que hay que curar, para estar seguros de que se ha encontrado un verdadero remedio contra la tuberculosis. Excusado es decir, que yo mismo administr\u00e9 la medicaci\u00f3n. Fracaso completo: el enfermo muri\u00f3 a los cinco meses, quince d\u00edas despu\u00e9s de haberme declarado vencido, and\u00e1ndole el tiempo indispensable para que fuera a morirse a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi segundo caso era un alabardero de treinta a\u00f1os, todav\u00eda fuerte, aunque con fiebre nocturna que llegaba a los 39\u00b0, terminada a la madrugada por grandes sudores y con una anorexia invencible. La expectoraci\u00f3n no era muy abundante y conten\u00eda solamente de 8 a 10 bacilos por campo; pero la tos era quintosa y molest\u00edsima, provocando con frecuencia el v\u00f3mito. Las mismas inyecciones intravenosas de cinamato. Se despert\u00f3 el apetito, fue posible una alimentaci\u00f3n variada fuertemente nutritiva; pero la fiebre fue en aumento y en aumento las lesiones pulmonares, la expectoraci\u00f3n y a\u00fan el contenido de esta en bacilos. Segundo fracaso y muerte a los cuatro meses, durante los cuales tuvo dos hemopt\u00edsis, de alguna consideraci\u00f3n, aunque de seguro no fueron responsables del fin funesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Por los d\u00edas de esta defunci\u00f3n fui llamado en consulta para ver a la hija \u00fanica de un opulento cubano, sospechosa de tuberculosis, diagnostico que confirm\u00f3 inmediatamente el microscopio. Era una angelical criatura de diez y nueve a\u00f1os, cuya pretendida y pertinaz anemia hab\u00eda paseado su buen padre de notabilidad en notabilidad americana y de renombre en renombre europeo, durante dos a\u00f1os, hasta que trajo a su hija a Madrid y compr\u00f3, exclusivamente para cuidarla, un hotel en los Altos del Hip\u00f3dromo, que por algo se llamaba ya \u201cHotel de las Rosas\u201d , de tales condiciones higi\u00e9nicas, que no las superara, ni acaso igualara ning\u00fan sanatorio para tuberculosos del mundo. Tan joven, con regular apetito todav\u00eda, llenita de carnes, con fuerzas suficientes para haber asistido d\u00edas antes, a fiestas de la aristocracia a que pertenec\u00eda, y para pasear el mismo d\u00eda de la consulta por el jard\u00edn; sin ninguna dificultad, antes con todas las facilidades que puede dar el dinero dispuesto a gastarse y a\u00fan derrocharse, incluso la de poder yo vivir bajo el mismo techo que la tuberculosa, o hacerle cuantas visitas quisiera al d\u00eda, dirigiendo personalmente y siendo obedecido sin contradicci\u00f3n de nadie y menos de la enferma, la terap\u00e9utica, la alimentaci\u00f3n, el ejercicio y el reposo; en unas condiciones de aire, de luz y de temperatura que nadie hubiera podido mejorar, emprend\u00ed el tercer ensayo del tratamiento de Landerer y lo continu\u00e9 bravamente durante tres meses. Tercer fracaso aplastante.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi cuarto caso, fue un joven comerciante valenciano que vino a mi sanatorio despu\u00e9s de haber pasado algunos meses en el de Porta Celi, sin haber sentido alivio de ninguna clase. De 28 a\u00f1os, no muy enflaquecido, conservando apetito y haciendo perfectamente las digestiones, y siendo como era, un sujeto animoso y d\u00f3cil se pod\u00eda esperar algo del tratamiento. Por otra parte las lesiones pulmonares no eran muy intensas ni muy extensas, la tos era poco molesta, la expectoraci\u00f3n poco abundante y su contenido en bacilos escaso, y por \u00faltimo la fiebre nocturna era tan ligera, que ni turbaba el sue\u00f1o ni el enfermo se apercib\u00eda de ella mas que por los sudores matinales. Un caso, en suma, de los mejorcitos que hab\u00edan ca\u00eddo bajo mi jurisdicci\u00f3n m\u00e9dica. Adem\u00e1s le hab\u00edan tratado por las inyecciones de cacodilato de sosa, y ten\u00eda en las inyecciones hipod\u00e9rmicas de cualquier clase, una fe loca. Con estas buenas condiciones y siendo yo arbitro de su higiene, empezamos el tratamiento de Landerer. Al mes el enfermo estaba notablemente mejor; se hab\u00eda nutrido hasta el punto de aumentar cuatro kilos su peso, hab\u00eda desaparecido la fiebre nocturna, durante el d\u00eda no pasaban de cinco o seis veces las que tos\u00eda y expectoraba, las noches eran excelentes, con sue\u00f1o profundo y reparador y solamente al despertar por la ma\u00f1ana tos\u00eda y expectoraba, aunque era tambi\u00e9n evidente la disminuci\u00f3n de esta expectoraci\u00f3n matinal. La mejor\u00eda se sostuvo durante todo el segundo mes, el enfermo lleg\u00f3 a adquirir una esperanza ciega en su curaci\u00f3n completa, confianza de la que empec\u00e9 a contagiarme.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero al principio del tercer mes, sin causa ni motivo a que atribuirla, una noche tuvo fiebre alta con subdelirio, terminada a la ma\u00f1ana con grandes sudores, y a la hora de la visita encontr\u00e9 al enfermo acostado, rendido y en un estado moral deplorable de desaliento. A partir de este d\u00eda, todo fue de mal en peor; perdi\u00f3 el apetito, se estableci\u00f3 la fiebre vespertina y nocturna, aument\u00f3 la tos que se hizo emetizante, y la expectoraci\u00f3n que algunos d\u00edas era sanguinolenta, fue decayendo la nutrici\u00f3n, las lesiones pulmonares se extendieron y profundizaron dando signos cavitarios en ambos l\u00f3bulos superiores; el enfermo adquiri\u00f3 un humor tan malo que lleg\u00f3 a hacerse intratable, no consintiendo ya ni las inyecciones, y a mediados del cuarto mes sali\u00f3 del sanatorio para irse a morir a casa de un pariente, donde en efecto, muri\u00f3 hacia el sexto mes despu\u00e9s de empezado el tratamiento.Cuarto fracaso estrepitoso de la terap\u00e9utica Landeriana, a la que desde este momento hubiera renunciado a tener otra menos mala que oponer a la tuberculosis. Mas como no la ten\u00eda, me consolaba leyendo las estad\u00edsticas de Landerer y volviendo a leer aquel su proceso anat\u00f3mico de cicatrizaci\u00f3n de los tub\u00e9rculos y de las cavernas, que parece que se est\u00e1 viendo.<\/p>\n\n\n\n<p>.Poco despu\u00e9s entraron en mi Sanatorio del Pilar, un fabricante de pa\u00f1os, extreme\u00f1o, casado, de 44 a\u00f1os de edad, y una hermana suya, viuda, de 40 a\u00f1os, los dos tuberculosos, aunque en bien distinto grado, con el antecedente de hab\u00e9rseles muerto hacia poco otro hermano, tambi\u00e9n tuberculoso. El enfermo era un hombre atl\u00e9tico, nada enflaquecido, un poco an\u00e9mico, trist\u00f3n y acobardado con el recuerdo de la muerte de su hermano, y socio en la f\u00e1brica, que, seg\u00fan su parecer, padec\u00eda el mismo catarro rebelde que a \u00e9l le molestaba hacia tanto tiempo. No ten\u00eda apetito ninguno, y su alimentaci\u00f3n era un problema de dif\u00edcil soluci\u00f3n, ten\u00eda fiebre vespertina y nocturna que le obligaba a acostarse a media tarde, mucha tos, expectoraci\u00f3n gris\u00e1cea y abundant\u00edsima, por veces con estr\u00edas de sangre, y siempre con muchos bacilos. Reconocido, presentaba estertores varios en los v\u00e9rtices de ambos pulmones y una hepatizaci\u00f3n que casi ocupaba todo el l\u00f3bulo medio del pulm\u00f3n derecho, hepatizaci\u00f3n que se fundi\u00f3 mas tarde, dando origen a una extensa caverna. En los seis meses que este enfermo estuvo en el sanatorio, sometido al tratamiento, tuvo varias alternativas de mejor\u00eda y agravaci\u00f3n, hasta que se le present\u00f3 una diarrea colicuativa y f\u00e9tida que nada pudo contener ni siquiera moderar y ya caqu\u00e9ctico, se lo llevaron a morir a su casa. Quinto fracaso sobre los innumerables que yo hab\u00eda tenido que lamentar toda mi vida m\u00e9dica en el tratamiento de los tuberculosos, y que eran tantos como tuberculosos tratados. Confieso que, no obstante el peque\u00f1o \u00e9xito de que ahora voy a ocuparme, se arraig\u00f3 mucho mi creencia, ya vieja, en la incurabilidad de la tuberculosis pulmonar, por esta ultima serie de fracasos. La hermana del difunto fabricante de pa\u00f1os era una de las tuberculosas que han pasado, y acaso se han curado, indiagnosticadas, hasta que el examen bacteriol\u00f3gico de los esputos se ha hecho proceder de diagnostico corriente. Ni su aspecto exterior, ni ninguna de sus funciones, a excepci\u00f3n de la respiratoria, ofrec\u00edan nada que hiciera sospechar en ella una tuberculosis; si no hubiera sido por los antecedentes de sus hermanos, que hab\u00edan empezado a padecer de un modo parecido, ni ella misma se hubiera ocupado de buscar remedio a sus liger\u00edsimas molestias, que consist\u00edan solamente en un poco de tos por la ma\u00f1ana, con expectoraci\u00f3n a veces f\u00e1cil, a veces fatigosa. Alguna que otra ma\u00f1ana se despertaba sudorosa, pero lo atribu\u00eda a exceso de abrigo en la cama, porque, como dec\u00eda, era de suyo friolera. Reconocido el pecho no se encontr\u00f3 mas s\u00edntomas que roncus suaves en el v\u00e9rtice del pulm\u00f3n izquierdo, pero examinados los esputos se encontraron los <strong><em>bacilos de Koch<\/em><\/strong> sin dificultad y en numero de seis a diez por campo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sometida al mismo tratamiento que su hermano, si bien con la diferencia de que las inyecciones se hicieron en las regiones gl\u00fateas y trocant\u00e9reas, porque, bastante obesa la enferma, hubieran sido dif\u00edciles de hacer las intravenosas, y por que, adem\u00e1s, ya yo no ten\u00eda ninguna fe en el remedio y no quise ocasionarle molestias in\u00fatiles, se continu\u00f3 durante dos meses. Ning\u00fan cambio notable pude observar al cabo de este tiempo, ni en el sentido de la mejor\u00eda, ni en el de la agravaci\u00f3n; segu\u00eda la tos y la expectoraci\u00f3n matinal, acaso menos fatigosa aquella y mas f\u00e1cil y menos abundante \u00e9sta; pero como en resumidas cuentas nunca hab\u00edan sido ni muy fatigosa, ni muy dif\u00edcil, ni muy abundante, las diferencias eran bien inapreciables. Pero al hacer nuevo examen de los esputos, vi con agradable sorpresa que hab\u00edan disminuido tanto los bacilos, que era menester mover mucho la preparaci\u00f3n para encontrar uno o dos en algunos campos. Hice mas de veinte preparaciones de diferentes esputos; en la tercera parte no encontr\u00e9 bacilos, y en las que los encontr\u00e9, nunca pasaron del numero dicho.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo estrictamente los preceptos de Landerer , las dosis hab\u00edan sido de siete centigramos y medio de cinamato cada dos d\u00edas, es decir, un tercio mayores que las intravenosas m\u00e1ximas. Animado con este resultado, y en vista de que las inyecciones no provocaban ning\u00fan trastorno, ni a\u00fan molestia local ni general, aumente la dosis hasta diez centigramos, poniendo dos cent\u00edmetros c\u00fabicos y medio de la disoluci\u00f3n al 4 por 100, siempre en d\u00edas alternos. Al mes de esto, si que era evidente la mejor\u00eda, por que la tos quedaba reducida a dos o tres golpes y la expectoraci\u00f3n a otros tantos esputos matinales de aspecto mucoso catarral, y hab\u00edan desaparecido los roncus del v\u00e9rtice del pulm\u00f3n izquierdo. Y hecho el examen de estos \u00faltimos esputos, a raz\u00f3n de seis u ocho preparaciones diarias durante una semana, no pude encontrar ni un solo bacilo. Todav\u00eda tuve a la enferma dos meses en observaci\u00f3n; pero todo nuevo an\u00e1lisis fue imposible, por que se acabaron los esputos en que hacerlo. La curaci\u00f3n, seg\u00fan los datos de la cl\u00ednica, era perfecta y no se ha desmentido en tres a\u00f1os que van transcurridos. <\/p>\n\n\n\n<p>Tal es <strong><em>el primer caso de curaci\u00f3n<\/em><\/strong> de la tuberculosis pulmonar en treinta a\u00f1os de lucha contra este azote de la humanidad, que no me entusiasm\u00f3 mucho porque tampoco hab\u00eda tratado jam\u00e1s un caso de tuberculosis pulmonar tan leve, pero que al cabo sirvi\u00f3me de est\u00edmulo para continuar los experimentos cl\u00ednicos con el cinamato, que sin \u00e9l, hubiera de seguro abandonado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Ill<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Obtuve el \u00e9xito referido en el <strong><em>verano de 1899<\/em><\/strong>, y en el mes de Octubre del mismo a\u00f1o, empec\u00e9 la experimentaci\u00f3n en mis cl\u00ednicas de la Facultad de Medicina, en la cual, llevaba estas solas convicciones: <strong>1\u00aa<\/strong> La tuberculosis pulmonar, tal y como se nos presenta ordinariamente en la cl\u00ednica, abierta y febril, no es curable con el cinamato de sosa por el procedimiento de Landerer. <strong>2\u00aa<\/strong> Pero el cinamato de sosa por el procedimiento de Landerer, puede curar la tuberculosis pulmonar, aunque abierta con escasas lesiones y apir\u00e9tica. <strong>3<\/strong>\u00aa Lo mismo las inyecciones intravenosas que las intragluteales a las dosis m\u00e1ximas de Landerer, son absolutamente inofensivas. Y <strong>4\u00aa<\/strong> Sus efectos a dichas dosis, hasta en los casos mas leves, son lentos y tard\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>Llam\u00e1ndome luego a cap\u00edtulo de reflexiones, pens\u00e9 en que el \u00e9xito obtenido, lo hab\u00eda obtenido por las inyecciones profundas en la regi\u00f3n gl\u00fatea y en la trocanteriana, a las dosis m\u00e1ximas de Landerer; que las inyecciones intravenosas, aunque a m\u00ed no me hubiera ocurrido ning\u00fan accidente, no est\u00e1n desprovistas de peligros serios, entre ellos la entrada de una o varias burbujas de aire en las venas, adem\u00e1s de lo delicado de su t\u00e9cnica; que el objeto que Landerer se hab\u00eda propuesto al adoptarlas, que era llevar las part\u00edculas insolubles del medicamento, lo mas directamente posible, al sitio de las lesiones, hab\u00eda desaparecido, desde el momento que se empleaba un medicamento soluble; y que si se supon\u00eda que el medicamento pod\u00eda sufrir alteraciones que lo desnaturalizaran, en la sangre, cosa absolutamente hipot\u00e9tica, cab\u00eda inyectarlo en un sitio tanto o mas pr\u00f3ximo a las lesiones como las venas de la flexura del codo. Por todas estas razones, eleg\u00ed la espalda para depositar el liquido y en la espalda la parte anterior del omoplato introduciendo la aguja cerca de su borde interno o vertebral, que reun\u00eda adem\u00e1s de la circunstancia de proximidad a las lesiones la escasa sensibilidad de la regi\u00f3n y la profundidad a que se llevaba el liquido. Proponi\u00e9ndome desde luego aumentar las dosis hasta los linderos de la intoxicaci\u00f3n, si fuera necesario, porque de mi experimentaci\u00f3n anterior, hab\u00eda sacado esta otra ense\u00f1anza nueva: que ninguno de mis enfermos se hab\u00eda hecho intolerante para el medicamento, como se, me hab\u00edan hecho siempre para los dem\u00e1s medicamentos pretendidos antituberculosos que yo hab\u00eda ensayado durante 25 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, llegu\u00e9 a fijar mis <strong><em>dosis m\u00ednimas<\/em><\/strong> en doce centigramos; mis dosis medias en veinte o veinticuatro centigramos, y mis <em><strong>dosis m\u00e1ximas<\/strong><\/em> en setenta centigramos de cinamato de sosa diarios, siempre como se ve de diez a veinte y a\u00fan a cuarenta veces superiores a las de Landerer, prescindiendo por completo, de las dosis miligr\u00e1micas de \u00e9ste al principio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los resultados de mis experimentos en el Hospital Cl\u00ednico, a pesar de estar representados por mas muertos que curados, tienen un valor mas demostrativo de la eficacia de mi tratamiento, que los resultados obtenidos en la clientela particular, donde la mortalidad ha sido nula hasta ahora, y donde los no curados estan en v\u00edas de curaci\u00f3n y en una proporci\u00f3n insignificante. Para quedar cualquiera convencido en el acto de aquella superior demostraci\u00f3n a que me refiero, no tiene m\u00e1s que visitar un d\u00eda, y sobre todo una noche, las salas que albergaban a mis tuberculosos, presenciar unas pocas veces las comidas de los enfermos que ahora albergan, iguales a las de entonces, porque en esto nuestra administraci\u00f3n es consecuente, y reconocer la clase de tuberculosos forzados a ir a morir a aquellos antros, en los cuales toda vergonzosa y hasta criminal antihigiene del cuerpo y del esp\u00edritu, tiene su asiento y donde lo milagroso es ya, que no se tuberculicen desde el m\u00e9dico hasta el \u00faltimo enfermero, cuanto m\u00e1s, los enfermos de otras enfermedades que conviven con los tuberculosos. Claro que muchos se tuberculizan y se mueren tuberculosos, y dos de mis alumnos, que yo sepa, de aquellos cursos para mi tan memorables, pagaron con la vida la curiosidad y el inter\u00e9s, tan noble y leg\u00edtimo, de presenciar los experimentos y de ayudarme a ellos, contagiados de tuberculosis, antes de haber llegado a la meta de su tratamiento curativo. Sean mis palabras de recuerdo cari\u00f1oso, y mi pensamiento en su bravura para afrontar el peligro, oraci\u00f3n que les sea grata, en las profundas obscuridades de la inmortalidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los tuberculosos que van a nuestros hospitales no son los que ya no pueden trabajar, sino los que ya no pueden tenerse de pie y adem\u00e1s carecen de todo recurso hasta para alimentarse. Van extenuados, enflaquecidos, an\u00e9micos en gran extremo, con fiebre, con grandes cavernas por lo general, con cavernas chicas o grandes todos, convertidas en vasos de cultivo del bacilo tisi\u00f3geno, cultivo que aparece en los esputos y siempre creciente e invasor. Y van a respirar un aire infecto y de imposible renovaci\u00f3n, a comer una comida insuficiente por el reglamento del hospital, y tan mala como puede ser, suministrada por proveedores a quienes se les debe y no se les paga. En estas condiciones ense\u00f1amos nosotros, cl\u00ednica y miseria al mismo tiempo. Creed, compatriotas, que si no fueran necesarias a la demostraci\u00f3n de mi tesis, yo les callar\u00eda estas cosas a nuestros ilustres hu\u00e9spedes, porque con todo ello me siento espa\u00f1ol e hidalgo muy ufano de mi capa rota; pero que lo diga ni que no, nos vamos a ver la capa, y es igual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muchas dudas y much\u00edsimas vacilaciones, me asaltaron durante meses para sobrepasar las dosis de Landerer, y muchos fracasos tuve que sufrir todav\u00eda por ellas. Las ense\u00f1anzas del distinguido cl\u00ednico de Stuttgart mas me perjudicaron que me favorecieron, porque su suposici\u00f3n de que la fiebre aumenta en cuanto la dosis de cinamato es un poco excesiva, me hac\u00eda ver en la fiebre propia del proceso, un efecto de la medicaci\u00f3n que yo mismo consideraba atrevida y hasta temeraria; su c\u00e9lebre estadio primero de congesti\u00f3n y leucocitosis perituberculosas, me hac\u00eda ver una hemoptisis inminente en cada esputo ligeramente manchado de sangre, y una congesti\u00f3n pulmonar, acaso mortal, en cada aumento por insignificante que fuese de la dispnea; su proceso esclerosante, f\u00edmico y paraf\u00edmico, me hac\u00eda temer siempre la pulmon\u00eda cr\u00f3nica intersticial; la taquicardia, la anorexia invencible y hasta la diarrea inexorable, parec\u00edanme productos de las acciones tuberculosa y t\u00f3xica de la medicaci\u00f3n imprudente, asociadas, y cien veces volv\u00ed a las dosis landerianas, y cien veces volv\u00ed a aumentarlas temerosamente hasta el doble o el triple. De todas maneras los tuberculosos se me segu\u00edan muriendo. En esta situaci\u00f3n lleg\u00f3 a mi sala de hombres un enfermo con una hemoptisis brutal, que a primera vista mas parec\u00eda de origen cardiaco que de origen tuberculoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un jornalero natural de Sobrado de Picato, en la provincia de Lugo de 52 a\u00f1os de edad, casado, y sin antecedentes hereditarios que hicieran al caso. Como antecedentes personales, los mismos de todos los jornaleros: falta de comida y sobra de vino malo; pero sin ning\u00fan estado patol\u00f3gico bien definido, hasta el comienzo de la enfermedad actual. Nos refiri\u00f3 que hacia dos meses, estando trabajando, hab\u00eda sentido un fuerte dolor en el costado izquierdo, que se extendi\u00f3 al d\u00eda siguiente al otro costado y a la espalda, acompa\u00f1ado de escalofr\u00edos y fiebre, cont\u00ednua primero, vespertina y nocturna despu\u00e9s. A los ocho d\u00edas pudo levantarse; pero sent\u00eda fatiga y dificultad de respirar al menor ejercicio, ten\u00eda mucha tos con expectoraci\u00f3n abundante, sigui\u00e9ndole los dolores en el pecho, si bien menos intensos, y la fiebre por la tarde y por la noche, que terminaba por la ma\u00f1ana temprano con grandes sudores. Un mes antes de su entrada en la cl\u00ednica, previo un aumento de la dispnea, empez\u00f3 a arrojar esputos sanguinolentos, continu\u00f3 ech\u00e1ndolos durante dos o tres d\u00edas y por \u00faltimo se le present\u00f3 una hemorragia copiosa por la boca, casi sin tos, que le dur\u00f3 algunas horas; esta hemorragia se repiti\u00f3 quince d\u00edas despu\u00e9s, y al presentarse por tercera vez, se hab\u00eda venido al hospital.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed el s\u00edndrome que ofrec\u00eda en la primera visita: enflaquecimiento, mirada triste, ojos hundidos y rodeados de un circulo viol\u00e1ceo, p\u00f3mulos salientes y rojos, palidez del resto de la piel y de las mucosas, lengua saburrosa, anorexia completa, estre\u00f1imiento, sed, pulso frecuente y peque\u00f1o (100 pulsaciones por minuto) palpitaciones cardiacas, fiebre (39\u00b0), dispnea (25 inspiraciones por minuto), tos frecuente y fatigosa con expectoraci\u00f3n sangu\u00ednea abundante, de la cual hab\u00eda llenado una escupidera durante la noche anterior; por percusi\u00f3n, macidez en los dos v\u00e9rtices pulmonares que llegan hasta la cuarta costilla por delante, haci\u00e9ndose un poco mas extensa por detr\u00e1s en el lado derecho; por auscultaci\u00f3n, crepitaciones y gorgoteos en varios puntos de las zonas macizas, soplo tubario, pectoriloquia \u00e1fona, y un ruido de roce pleur\u00edtico al nivel de la parte media del tercer espacio intercostal derecho. Ten\u00eda adem\u00e1s dolores tor\u00e1cicos poco fijos y mal localizados. Las orinas eran encendidas y escasas.<\/p>\n\n\n\n<p>Prescrib\u00ed una poci\u00f3n con ergotina y ordene a los internos encargados de este servicio el examen de los esputos. Al d\u00eda siguiente vi las preparaciones y ten\u00edan un verdadero cultivo de bacilos asociados a estreptococos a estafilococos y a tetr\u00e1genos; el s\u00edndrome era igual, incluso la hemoptisis, habiendo llenado tres escupideras de expectoraci\u00f3n sanguinolenta durante la noche; la fiebre hab\u00eda alcanzado los 40 grados y el enfermo no hab\u00eda tomado mas alimento que un poco de leche. La situaci\u00f3n, como se ve, era grav\u00edsima, y bien pod\u00eda clasificarse el caso entre los de tuberculosis galopante. Te vas a morir, me dije, pero no ser\u00e1 sin que yo te meta un frasco de cinamato en el cuerpo, y sin que yo sepa de una vez si sirve para algo o si no sirve para nada. Y yo mismo le inyect\u00e9 en el acto <strong>tres cent\u00edmetros<\/strong> c\u00fabicos de la disoluci\u00f3n al <strong>4<\/strong> por <strong>100<\/strong> o sea, doce centigramos del medicamento, debajo del omoplato derecho. Y al otro d\u00eda, diez y seis centigramos debajo del izquierdo, y al otro veinte, y al otro veinticuatro, y al otro veintiocho, y al otro <strong>treinta y dos<\/strong>, alternando los lados, y si no mejora, como mejor\u00f3, creo que sigo aumentando hasta el d\u00eda del entierro. Pero al s\u00e9ptimo d\u00eda la situaci\u00f3n era muy otra. La fiebre que empez\u00f3 a descender al cuarto, ya no exist\u00eda; la hemoptisis, que qued\u00f3 reducida desde el tercero a esputos estriados de sangre, hab\u00eda tambi\u00e9n desaparecido; previa desinfecci\u00f3n intestinal por medio del salol, se hab\u00edan restablecido y normalizado las deposiciones de vientre, se hab\u00eda limpiado la lengua y present\u00e1ndose un hambre canina. En los signos locales de los pulmones, no se apreciaba modificaci\u00f3n ninguna, pero hab\u00edan desaparecido los dolores tor\u00e1cicos y el enfermo respiraba mucho mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>No es mi objeto relatar la observaci\u00f3n cl\u00ednica posterior, ni tiene mucho que relatar. Cuando las cosas en cl\u00ednica van bien, no hay m\u00e1s que decir, sino que van bien y mejor cada d\u00eda; que se cur\u00f3 el enfermo y Pax Christi. Lo que me interesa decir es, que desaparecidas la fiebre y la hemoptisis, baj\u00e9 la dosis de cinamato gradualmente hasta veinte centigramos diarios, y que a los tres meses quedaba solo un poco de tos con expectoraci\u00f3n sin bacilos y a los tres y medio sali\u00f3 el enfermo del hospital con seis kilos m\u00e1s de peso, contento, sin tos, sin ning\u00fan s\u00edntoma de pecho, ni de ninguna otra parte, sano. \u00bfD\u00f3nde estaban las acciones congestivas, hasta ser henorrag\u00edparas, y las piret\u00f3genas del cinamato de sosa, observadas por Landerer? No aparecieron. \u00bfEs que las determinan las peque\u00f1as dosis del medicamento, mientras las grandes dosis son hemost\u00e1ticas, descongestionantes, y febr\u00edfugas? Si se dan por buenas sus observaciones, as\u00ed tiene que ser; porque respecto a las m\u00edas, tienen el testimonio irrecusable de cien alumnos que las han presenciado y hasta recogido, como recogi\u00f3 la del enfermo citado el alumno D. <strong><em>Aurelio Mario Munoz<\/em><\/strong> y con su firma y con sus propios juicios, que son tambi\u00e9n los expuestos, la conservo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas en todo caso, esta observaci\u00f3n contiene el descubrimiento de un <strong><em>tratamiento original<\/em><\/strong> y nuevo, al que si por ser m\u00edo, se le regatean los m\u00e9ritos, bien regateados est\u00e1n. Con que siga curando tuberculosos, como el historiado, me conformo y a\u00fan me doy por muy satisfecho, porque ya de antemano estoy pagado con la alegr\u00eda mas pura y mas intensa que he sentido en mi oficio de m\u00e9dico, al sanar a aquel pobre hombre; con la que me han hecho sentir las otras curaciones posteriores de tuberculosos pulmonares, y con la confianza que ahora trato esa enfermedad que me ha hecho devorar tantas amarguras como cl\u00ednico. A partir de la preinserta observaci\u00f3n, mi conducta ha variado poco o nada. Considero la dosis de <strong><em>veinte centigramos diarios de cinamato de sosa,<\/em><\/strong> como la dosis normal que sin embargo, he tenido que sobrepasar con frecuencia, por lo com\u00fan de modo transitorio y al principio del tratamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>VI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para sacar todo el provecho posible de este tratamiento de la tuberculosis pulmonar, se ha de proceder a \u00e9l con estos dos convencimientos:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00ba <\/strong>Con el convencimiento de que la tuberculosis pulmonar abierta, cavitaria y febril, es incurable por todo otro tratamiento, porque la proporci\u00f3n de curaciones que se dice obtenidas por otros procederes es tan peque\u00f1a, que ni probabilidad razonable puede constituir de terminaci\u00f3n favorable, en ning\u00fan caso concreto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00ba <\/strong>Con el convencimiento de que el proceso anat\u00f3mico, expuesto por Landerer, como consecuencia de las inyecciones de cinamato, proceso que ser\u00eda peligroso siempre, y mortal en cuanto se exagerase un poco su intensidad, bien por predisposiciones irritativas del sujeto o bien por dosis exageradas del remedio, no se realiza jam\u00e1s con las dosis de cinamato de sosa que propongo. Este medicamento, como todos, tendr\u00e1 dosis t\u00f3xicas; para algunos sujetos, puede que lo sean las m\u00e1ximas a que yo he llegado en contados casos; pero, yo afirmo que ni con las m\u00e1s altas de las citadas, he visto nada que pueda atribuirse a una intoxicaci\u00f3n medicamentosa, ni creo que nadie lo ver\u00e1 si sigue mis procedimientos y no lleva las acciones terapeuticas mas all\u00e1 de lo necesario; teniendo tambi\u00e9n entendido que las probabilidades de curaci\u00f3n est\u00e1n en raz\u00f3n inversa de las dosis necesarias para producir la primera mejor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>He aqu\u00ed ahora mi pr\u00e1ctica constante: en los casos raros, como el referido, en que la indicaci\u00f3n de suprimir los fen\u00f3menos morbosos es tan urgente, por la gravedad de \u00e9stos, que no consiente apenas graduaciones ni esperas, procede como proced\u00ed entonces; aumentando las dosis r\u00e1pidamente y sin interrupci\u00f3n, hasta obtener la mejor\u00eda. Pero en los casos ordinarios, despu\u00e9s de llegar con la tercera inyecci\u00f3n, a la dosis normal de <strong>veinte <\/strong>centigramos de cinamato, persisto en ella durante diez d\u00edas, que empleo adem\u00e1s en hacer la desinfecci\u00f3n gastrointestinal y en establecer por tanteos la dieta adecuada a la capacidad digestiva del enfermo; porque juzgo tan indispensable al \u00e9xito del tratamiento una alimentaci\u00f3n racional y suficiente, como juzgo funestas las pr\u00e1cticas actuales de la sobre-alimentaci\u00f3n a todo trance.<\/p>\n\n\n\n<p>Si cubierta la indicaci\u00f3n, no por accesoria menos importante que la misma indicaci\u00f3n fundamental, de normalizar en lo posible el aparato digestivo, no se presenta la mejor\u00eda despu\u00e9s de la d\u00e9cima inyecci\u00f3n normal, aumento las dosis de cuatro en cuatro centigramos deteni\u00e9ndome en cada aumento dos o tres d\u00edas. Repito que la dosis m\u00e1xima a que he llegado, ha sido la de <strong><em>setenta centigramos <\/em><\/strong>y solamente en dos casos de los cuales, uno se cur\u00f3 y otro se muri\u00f3 agotado por la diarrea; pero estoy dispuesto a aumentarla, si el caso Io exige, hasta la iniciaci\u00f3n de fen\u00f3menos t\u00f3xicos que hasta ahora no he presenciado.<\/p>\n\n\n\n<p>Obtenida la mejor\u00eda, si he sobrepasado la dosis normal, vuelvo a ella gradualmente, siempre que no sobrevenga una nueva agravaci\u00f3n, porque en este caso aumento de nuevo las dosis y las sostengo hasta reproducir la mejor\u00eda, haciendo luego exploraciones de disminuci\u00f3n, term\u00f3metro en mano, de cuatro en cuatro o de cinco en cinco d\u00edas; porque mientras la fiebre persista, por peque\u00f1a que sea, no hay mejor\u00eda definitiva; pero jam\u00e1s abandono las dosis normales hasta la desaparici\u00f3n absoluta, no solamente de los bacilos en la expectoraci\u00f3n, sino hasta la desaparici\u00f3n de la expectoraci\u00f3n misma, aunque no sea ya bacilar, y hasta la desaparici\u00f3n de la tos. Por supuesto que todas estas desapariciones o son coet\u00e1neas o se suceden con muy pocos d\u00edas de intervalo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>VII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando los tuberculosos tratados tienen fiebre, el primer fen\u00f3meno de alivio es la desaparici\u00f3n de la fiebre y como el proceso febril es en la mayor parte de los casos el determinante de la anorexia, al desaparecer la fiebre renace el apetito sin mas ayuda. Mas no sucede siempre lo mismo por causa de aton\u00eda o de irritaci\u00f3n gastro-intestinal; y entonces persisten, con la anorexia, los sudores matinales, que no se suprimir\u00e1n, h\u00e1gase lo que se haga, hasta que la alimentaci\u00f3n sea suficiente, bien digerida y bien absorbida. La insistencia en la desinfecci\u00f3n intestinal, la dieta conveniente, peque\u00f1as dosis de alcalinos antes de las comidas y de estricnina despu\u00e9s, vencen de seguro esta situaci\u00f3n, como no dependa de ulceraciones tuberculosas, que incapaciten al aparato digestivo para su funci\u00f3n, contingencia la m\u00e1s desgraciada que puede ocurrir a un tuberculoso, porque de ordinario la incapacidad es definitiva. La clave de la curaci\u00f3n de la tuberculosis pulmonar, est\u00e1 en la integridad funcional del aparato digestivo o cuando menos en su funci\u00f3n suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la tos era quintosa y la expectoraci\u00f3n dif\u00edcil, pierden estos caracteres desde las primeras inyecciones. La tos se hace h\u00fameda y nada penosa, la expectoraci\u00f3n f\u00e1cil y muchas veces aumenta esta \u00faltima durante unos d\u00edas. Al fin de la primera quincena de tratamiento es ya evidente la disminuci\u00f3n de la tos y de la expectoraci\u00f3n, disminuci\u00f3n que ya no cesar\u00e1, de ordinario, hasta su desaparici\u00f3n completa, si bien la rapidez de esta marcha es sumamente variable y a\u00fan de retroceso y agravaci\u00f3n. La disminuci\u00f3n de los bacilos en los esputos no se aprecia, por lo general, hasta el final del segundo mes, y tambi\u00e9n pueden aparecer alguna vez aumentados despu\u00e9s de haber disminuido. Pero estas oscilaciones terminan pronto, la marcha uniforme hacia la curaci\u00f3n acaba por establecerse para no volver a retroceder, y en las dos terceras partes de los casos la desaparici\u00f3n definitiva de los bacilos se observa antes de empezar el cuarto mes de tratamiento, quedando todav\u00eda alguna tos con expectoraci\u00f3n mas menos espesa en la cual el an\u00e1lisis bacteriol\u00f3gico suele descubrir mayor o menor cantidad de filococos y de estreptococos que no tienen ninguna mala significaci\u00f3n pron\u00f3stica. Esta tos y esta expectoraci\u00f3n remanentes duran mas o menos, seg\u00fan la cuant\u00eda de las lesiones pulmonares; pero es raro que subsistan mas de un mes y, por consiguiente, la duraci\u00f3n media del tratamiento, viene a ser de cuatro meses, poco mas o menos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>VIII<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Fuera de los casos de muerte, en los cuales los bacilos no suelen desaparecer por completo, hay una tercera parte de los otros casos en que no desaparecen hasta el fin del quinto y a\u00fan del sexto mes; en cambio hay otra tercera parte de estos casos en que desaparecen en el curso del primer mes. Dos enfermos tuve en el hospital y uno mas tarde en la consulta, a los cuales solamente se les encontraron bacilos en el primer examen no obstante, debe hacerse \u00e9ste por sistema, cada ocho o cada diez d\u00edas a lo sumo. Porque hay casos, y no tan pocos que constituyan excepci\u00f3n, en que la curaci\u00f3n de la tuberculosis pulmonar es tan r\u00e1pida como puede ser la de la pulmon\u00eda pneumoc\u00f3cica mas leve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>IX<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y vamos ya, se\u00f1ores, a apreciar los resultados obtenidos con mi tratamiento de la tuberculosis pulmonar. Nada mas delicado y dif\u00edcil que una buena estad\u00edstica m\u00e9dica y nada mas propenso a errores que la comparaci\u00f3n de las estad\u00edsticas de resultados obtenidos por los diversos tratamientos antituberculosos; porque seg\u00fan sean los casos y las condiciones higi\u00e9nicas en que se traten, as\u00ed ser\u00e1n o no ser\u00e1n comparables las tales estad\u00edsticas. Entre mis tuberculosos ha habido de todo; pero han sido mas numerosos los tratados en medianas o malas condiciones higi\u00e9nicas, que los tratados en condiciones higi\u00e9nicas irreprochables; y cuando en un conjunto semejante se obtiene una proporci\u00f3n de curaciones radicales y definitivas, como la que yo he obtenido, cuatro o cinco veces superior a la de las estad\u00edsticas mas favorables de las publicadas, ha de concluirse que estamos en posesi\u00f3n del remedio espec\u00edfico del mal.<\/p>\n\n\n\n<p>La proporci\u00f3n de las <strong>curaciones<\/strong> de tuberculosis pulmonar obtenida con el tratamiento que dejo expuesto, sobrepasa la cifra del <strong><em>80 por 100<\/em><\/strong> de los casos tratados. Solamente en un libro, sin limitaci\u00f3n de tiempo ni de espacio, es posible la formaci\u00f3n de una estad\u00edstica razonada, con el an\u00e1lisis completo de los casos curados y de los casos de muerte, y este libro esta en preparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En este acto, fuera cual fuese la estad\u00edstica que yo pudiera presentar, se me har\u00eda un honor crey\u00e9ndola sincera y bien formada; pero despu\u00e9s de los desenga\u00f1os sufridos por todo el mundo con los mil y un tratamientos preconizados contra la tuberculosis pulmonar, ser\u00eda en m\u00ed, una pretensi\u00f3n loca pretender que sali\u00e9rais de aqu\u00ed, con solo o\u00edrme, convencidos de lo mismo que yo lo estoy, es decir, que la tuberculosis pulmonar, hasta en sus formas graves y avanzadas, es curable y se cura, cuando menos 80 veces de cada 100. No es esta ni pod\u00eda serlo mi pretensi\u00f3n, con estad\u00edstica o sin ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi objeto es sencillamente anunciaros lo que estimo buena nueva, sin secretos ni reservas de ninguna clase, para que vosotros la confirm\u00e9is en vuestras cl\u00ednicas o en vuestras clientelas, o para que me conden\u00e9is por iluso. La comprobaci\u00f3n o la negaci\u00f3n tienen las dos indiscutibles ventajas de que el tratamiento propuesto es facil\u00edsimo para todo medico, hasta en la \u00faltima de las aldeas, y de que es absolutamente inofensivo. Estad seguros de que lo peor que os puede ocurrir al experimentarlo, es que no sea bastante eficaz para reparar, lo por ley de vida, irreparable; mas no har\u00e1 por s\u00ed ni una sola v\u00edctima. Y bien sab\u00e9is que no hemos podido decir lo mismo de todos los tratamientos antituberculosos preconizados despu\u00e9s de no resultar antituberculosos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>X<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Considerando, como considero al <strong><em>cinamato de sosa<\/em><\/strong>, medicamento espec\u00edfico de la tuberculosis pulmonar, de tanto valor como la quinina en el paludismo, he procurado darme cuenta de sus fracasos relativos y absolutos, o sea de la rebeld\u00eda de ciertos tuberculosos, pocos, a sus acciones y de la muerte de otros tuberculosos, a pesar de sus acciones. La prueba de esta cuenta exige la exposici\u00f3n de teoremas anteriores bien demostrados, en la cual exposici\u00f3n he de detenerme un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>La tuberculosis, como todas las enfermedades infecciosas, es producto de dos factores: <strong><em>microbio y terreno<\/em><\/strong>, y aunque en abstracto se pueda decir como tal producto, debe crecer o aumentar cuando aumenta cualquiera de sus factores o los dos a un tiempo; en concreto y por datos positivos de experiencia, tenemos que considerar uno de sus factores, el microbio, como constante y hacer depender las variaciones del producto de las variaciones del terreno org\u00e1nico, de la predisposici\u00f3n. Sencillamente porque la virulencia, la germinaci\u00f3n y la vida, en suma, del microbio, son cuesti\u00f3n de medio de cultivo, y aumentan o disminuyen en raz\u00f3n directa de las condiciones tuberculizables del sujeto.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta predisposici\u00f3n es una enfermedad positiva conocida o ignorada, hereditaria o adquirida; pero dejando a un lado su naturaleza que no es del momento, teniendo que depender la m\u00e1xima intensidad del proceso tuberculoso, de la m\u00e1xima predisposici\u00f3n, podr\u00edamos concluir que la rebeld\u00eda y la incurabilidad del mismo proceso dependen de la m\u00e1xima predisposici\u00f3n igualmente. Y sin embargo, esto no es verdad mas que en parte. La incurabilidad depende mas bien, de la localizaci\u00f3n de las lesiones. Por eso hablo de tuberculosis pulmonar y no hablo de otras formas y localizaciones tuberculosas de las que ha llegado la ocasi\u00f3n de hablar, porque para los que me conocen habr\u00e1 sido muy extra\u00f1o que siendo <strong>constitucionalista<\/strong> en las infecciones y no localicista, limite mi tesis a una localizaci\u00f3n de la tuberculosis.<\/p>\n\n\n\n<p>Separemos desde luego la rebeld\u00eda que puede vencerse, al cabo, con la cuant\u00eda de las dosis del medicamento y con la persistencia de la medicaci\u00f3n, cuando depende de una predisposici\u00f3n m\u00e1xima. Actualmente trato y tengo muy pr\u00f3xima a la curaci\u00f3n a una enferma, la mas joven de once hermanos, de los cuales se han muerto nueve tuberculosos y la tuberculosis fue tambi\u00e9n, la que mat\u00f3 a su madre. El proceso de esta enferma empez\u00f3 por una pleures\u00eda tuberculosa, y la invasi\u00f3n lesional de sus pulmones ofreci\u00f3 todos los caracteres de una tisis galopante; si no suponemos en ella la predisposici\u00f3n m\u00e1xima, habremos de convenir en que la predisposici\u00f3n hereditaria m\u00e1xima es indiagnosticable. Ateng\u00e1monos a la incurabilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Se comprende, sin esfuerzo de ninguna clase, que una infecci\u00f3n masiva y brutal que ocasiona una granulia general y asfixiante, no d\u00e9 tiempo para que actu\u00e9 ning\u00fan medicamento y sea mortal de necesidad; yo lo acepto; pero digo que estos casos son absolutamente excepcionales, y que yo no he tenido ocasi\u00f3n de tratar ninguno por el nuevo procedimiento. Se comprende, asimismo, que una meningoencefal\u00edtis tuberculosa mate con la misma rapidez, y que aunque se pueda enfrentar y curar la infecci\u00f3n, ocasione lesiones remanentes comunes, de consecuencias funestas a corta o a larga fecha. Y se comprende, por \u00faltimo, que una artropat\u00eda tuberculosa, que ha llenado la articulaci\u00f3n de vegetaciones, y destru\u00eddo sinovial y cart\u00edlagos, no pueda ya terminar por la \u201c<em>restitutio ad integrum\u201d<\/em> de la articulaci\u00f3n, pese a todas las desinfecciones; gracias que termine por una anquilosis en firme. De meningo-encefalitis tuberculosa, tampoco he tratado ning\u00fan caso; pero de artropat\u00edas, con todo el s\u00edndrome de las tuberculosas, he tratado varios, y en ellas, con las restricciones apuntadas, sostengo igualmente la acci\u00f3n espec\u00edfica del cinamato de sosa, como la sostengo en el lupus tuberculoso, no obstante haber tratado dos solos casos y los dos sin \u00e9xito completo, no por culpa m\u00eda ni por culpa del medicamento, sino por culpa de los enfermos que no pudieron o no quisieron continuar el tratamiento despu\u00e9s de obtenido un alivio tan considerable que, contra mis afirmaciones terminantes, se creyeron curados. De las dem\u00e1s localizaciones posibles de la tuberculosis, excepto de la que ahora hablar\u00e9, tampoco tengo experiencia personal y nada puedo decir.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que resulta de mis experiencias, es que la localizaci\u00f3n tuberculosa que ha determinado la incurabilidad y ocasionado la muerte, ha sido siempre la localizaci\u00f3n gastro-intestinal, o al menos, han sido los trastornos digestivos los que han acabado con las energ\u00edas y con la vida de mis casos desgraciados. Y no es que con los primeros v\u00f3mitos o las primeras diarreas, la incurabilidad quede declarada y definitivamente establecida, nada de eso; el mismo medicamento tiene acciones admirables sobre estos trastornos primeros. Cuando significan incurabilidad, es cuando existen al empezar el tratamiento, cuando han ocasionado ya una depauperaci\u00f3n extrema, y cuando impiden, en un plazo de semanas, agregar a la acci\u00f3n medicamentosa una alimentaci\u00f3n suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>No dudo que otras localizaciones lesionales puedan tener la misma significaci\u00f3n; tales, por ejemplo, como la cardiaca y la renal; pero yo no las he encontrado, y me limito a lo visto; y lo visto por m\u00ed es, repito, que mientras los tuberculosos en regulares condiciones, por supuesto, de aire y de luz, comen, digieren y absorben lo suficiente, son curables, sean cuales fueren sus lesiones pulmonares. Y si se me dice que con las lesiones pulmonares extremas coinciden siempre las lesiones y los trastornos digestivos consiguientes, ni lo afirmo ni lo niego: me atengo a lo dicho. Porque no podr\u00edamos ponernos de acuerdo sobre lo que debe entenderse por lesiones pulmonares extremas, y porque a la Medicina se le debe pedir que cure enfermos, mas es irracional pedirle que resucite muertos y en trance de muerte inevitable, est\u00e1 el que no tiene ya pulmones bastantes para la funci\u00f3n hemat\u00f3sica. <\/p>\n\n\n\n<p>A lo cual, dicho sea de paso, no llega casi ning\u00fan tuberculoso; porque para satisfacer esa funci\u00f3n, basta la mitad de los pulmones y es rar\u00edsimo que la tuberculosis los destruya hasta ese punto, sin ocasionar, u otras localizaciones mortales, o la toxemia mortal. Y esperar a tratarse la tuberculosis en esas extremidades es un verdadero suicidio, cuya evitaci\u00f3n no corresponde al medico. El hecho es que con mi tratamiento, se curan los tuberculosos que no se han curado jam\u00e1s y que est\u00e1 llamado a disminuir la mortalidad por tuberculosis a una cifra tan baja o mas baja, que la representante de la mortalidad por otras infecciones, como la s\u00edfilis, para las que poseemos remedios especificos bien acreditados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>XI<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Queda la \u00faltima cuesti\u00f3n que, bien mirada, ni es cuesti\u00f3n siquiera. \u00bfComo obra el cinamato de sosa? \u00bfEs antibacilar o bacilicida? \u00bfO es antitox\u00ednico? \u00bfEsteriliza el terreno? \u00bfPodr\u00eda ser preservativo adem\u00e1s de ser curativo? No puedo contestar a estas preguntas mas que con los datos de la experimentaci\u00f3n cl\u00ednica, porque no he tenido tiempo de hacer otra. Ahora me ocupo en averiguar las acciones del cinamato sobre los cultivos del bacilo de Koch, y mas tarde averiguar\u00e9 sus acciones en los animales antes y despu\u00e9s de ser inoculados con los mismos cultivos puros, y con los cultivos tratados por el cinamato. Pero la marcha del proceso de curaci\u00f3n, que empieza por la cesaci\u00f3n de la fiebre y por una sensaci\u00f3n general de alivio, de las mas notables, persistiendo, sin embargo, los bacilos en los esputos hasta las postrimer\u00edas del mismo proceso, me parece demostrar que las acciones del cinamato se ejercen principalmente sobre las toxinas, si bien al fin y al cabo ha de aceptarse su acci\u00f3n bacilicida, puesto que hace desaparecer los bacilos; acci\u00f3n inexplicable por otro mecanismo, que no sea la esterilizaci\u00f3n o inadecuaci\u00f3n del terreno para la vida microbiana. Esta inadecuaci\u00f3n, en principio, podr\u00eda ser durable o transitoria, y en el primer caso estar\u00edamos autorizados para emplearlo como preservativo con las mismas o mayores probabilidades de \u00e9xito que yo lo he empleado como curativo. Los resultados de mis observaciones no consienten tan agradables esperanzas, que solo la higiene puede, yo creo, convertir en hermosas realidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Es m\u00e1s: creo que la tuberculosis pertenece a la clase de infecciones que no producen inmunidad para volverlas a padecer cuando una vez se han padecido, si es que no tenemos que incluirla en la clase de las que aumentan la predisposici\u00f3n. Uno de los casos observados en mi cl\u00ednica oficial, fue el fundamento de estas conclusiones m\u00edas, que despu\u00e9s he visto confirmadas por otro de mi clientela. Trat\u00e1base en el primero de un joven de 26 anos, soltero, natural de Valencia y empleado en La Correspondencia de Espa\u00f1a hu\u00e9rfano de padre tuberculoso, y tuberculoso \u00e9l mismo con tuberculosis abierta, y con signos cavitarios en el v\u00e9rtice del pulm\u00f3n izquierdo. El contenido bacilar de los esputos era abundant\u00edsimo. Pues bien, este enfermo estaba curado a los veintitr\u00e9s d\u00edas de tratamiento, y al mes sali\u00f3 del hospital, sin ning\u00fan s\u00edntoma local ni general que autorizase ning\u00fan g\u00e9nero de sospechas sobre la realidad de su curaci\u00f3n. As\u00ed se mantuvo perfectamente nutrido y sano, mas de un a\u00f1o; pero al curso siguiente, volvi\u00f3 a presentarse en la cl\u00ednica, por que, seg\u00fan \u00e9l, se hab\u00eda constipado y hab\u00eda echado dos o tres esputos manchados de sangre que le hab\u00edan asustado. Reconocido el pecho, se notaron algunos roncus en el mismo v\u00e9rtice pulmonar lesionado el a\u00f1o anterior; y examinados los esputos, se encontraron en \u00e9l los de ocho a doce bacilos por campo. Se le someti\u00f3 de nuevo al tratamiento y la curaci\u00f3n esta vez fue mas r\u00e1pida que la primera, pues que a los quince d\u00edas no hab\u00eda nada que indicase ni rastro del proceso. No ha vuelto a present\u00e1rseme, y de esto hace mas de dos a\u00f1os, de lo que induzco que la curaci\u00f3n se mantiene.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos son los hechos, se\u00f1ores. Al volver a vuestras cl\u00ednicas, a vuestras clientelas y a vuestros laboratorios, experimentad, yo os lo ruego, el tratamiento curativo de la tuberculosis pulmonar que he tenido el honor de exponeros; y cuando lo hay\u00e1is experimentado, hacedme a mi justicia estricta, y hacedle a mi Espa\u00f1a la justicia de reconocer que hace cuanto puede por ser digna compa\u00f1era de las naciones que represent\u00e1is, en la hermosa tarea de iluminar los campos obscuros de la Medicina.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>Conclusiones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>1\u00aa<\/strong> \u2013 Los tratamientos para tuberculosis pulmonar recomendados hasta ahora, no han podido reducir la mortalidad causada por este flagelo. La proporci\u00f3n de curaciones por creosota, gaiacol y sus derivados, no supera la cifra del 5 por ciento (Burlureaux). El que nosotros hemos obtenido por el b\u00e1lsamo de Per\u00fa, el \u00e1cido cin\u00e1mico y el cinamato de sosa, seg\u00fan el m\u00e9todo Landerer (de Stuttgart), es inferior al 20 por ciento, lo que resulta del uso de arsenicales, en general, y cacodilatos en particular, es absolutamente insignificante, a pesar de reclamaciones de Armand Gautier. Las tuberculinas son fatales. El suero de Maragliano no ha convencido a nadie, excepto a su autor. Los sanatorios por su sola higiene, son insuficientes, adem\u00e1s de que no son aplicables a todos los pacientes con tuberculosis. No hablo de glicerofosfatos; son casi industriales, ni del \u00e1cido \u00f3smico u otras medicamentos que pertenecen a la historia. Respeto y elogio los esfuerzos y las esperanzas de los higienistas, pero solo hablo como cl\u00ednico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2\u00aa<\/strong> \u2013 En el tratamiento de la tuberculosis pulmonar por el m\u00e9todo de Landerer, con soluci\u00f3n de hidr\u00f3xido de sodio 4 a 100 en agua destilada, usada en inyecciones intravenosas, me dio resultado en cinco. Atribuyo esta curaci\u00f3n a la ligereza del caso, y pienso lo mismo de las curaciones de Landerer. Sin embargo creo que el tratamiento de \u00e9ste representa un progreso positivo en terapia antituberculosa. \u00c9l inspir\u00f3 mi propio tratamiento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3\u00aa<\/strong> &#8211; Mi experimentaci\u00f3n cl\u00ednica se realiz\u00f3 con la misma disoluci\u00f3n Cinamato de sosa al 4%, esterilizado, utilizado por Landerer, pero en inyecciones subescapulares, y en dosis diez a <strong>veinte veces mayor<\/strong>. Estas inyecciones son absolutamente inofensivas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4\u00aa<\/strong> &#8211; Los pacientes con tuberculosis en los que experiment\u00e9, eran todos sin excepci\u00f3n, febriles, con tuberculosis abierta, cavitaria, presentando muchos bacilos en el esputo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5\u00aa<\/strong> &#8211; Siempre empiezo inyectando tres cent\u00edmetros c\u00fabicos de dicha disoluci\u00f3n, debajo de la esc\u00e1pula, atac\u00e1ndola cerca de su borde interno; al d\u00eda siguiente elevo la dosis a cuatro cent\u00edmetros c\u00fabicos; el tercer d\u00eda introduzco cinco cent\u00edmetros c\u00fabicos, es decir, veinte centigramos. Sobre la medicaci\u00f3n, considero esta dosis como normal, y lo repito los siguientes d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6\u00aa<\/strong> &#8211; En el caso de que la mejora no se sienta despu\u00e9s de diez inyecciones, Aumento la dosis a seis, siete, ocho &#8230; cent\u00edmetros c\u00fabicos llegando a la dosis <strong>m\u00e1xima<\/strong> de <strong>setenta<\/strong> centigramos de cinamato pero la necesidad de aumentar la dosis m\u00e1s all\u00e1 de <strong>veinticuatro<\/strong> centigramos, o el uso de seis cent\u00edmetros c\u00fabicos de la disoluci\u00f3n, es bastante <strong>excepcional<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>7\u00aa <\/strong>&#8211; El primer fen\u00f3meno de mejora que observamos es la desaparici\u00f3n de la fiebre; el segundo la reaparici\u00f3n del apetito, y luego r\u00e1pidamente viene la disminuci\u00f3n de la tos y el esputo. Despu\u00e9s de un mes o dos, los bacilos comienzan a disminuir, y generalmente despu\u00e9s de tres meses, se han ido. El tratamiento dura un promedio de cuatro meses.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>8\u00aa <\/strong>&#8211; En un tercio de los casos, la desaparici\u00f3n de los bacilos no ocurre hasta quinto o sexto mes; pero en otro tercio la desaparici\u00f3n se hace despu\u00e9s de un mes mas o menos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>9\u00aa<\/strong> &#8211; La proporci\u00f3n de curaciones que obtuve con este tratamiento excede la cifra en un <strong>80 <\/strong>por ciento; pero no hago estad\u00edsticas mi \u00fanico objeto es comunicar al Congreso y a todos los m\u00e9dicos que mi tratamiento para la tuberculosis pulmonar, es realmente el tratamiento curativo de esta enfermedad. Cualquiera que quiera comprobarlo, puede hacerlo f\u00e1cilmente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>10\u00aa <\/strong>&#8211; Los muertos, a pesar de mi tratamiento, fueron, sin excepci\u00f3n, de tuberculosis pulmonar con lesiones gastrointestinales muy avanzadas, y no murieron de tuberculosis, sino de hambre. Yo creo que el da\u00f1o pulmonar por s\u00ed solo, no representa un obst\u00e1culo insuperable para la curaci\u00f3n, sea cual sea su extensi\u00f3n y su importancia. El futuro dir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>11\u00aa <\/strong>\u2013 Ahora me encargo de experimentar in vitro, la acci\u00f3n del cinamato en cultivos de bacilos tuberculosos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el XIV Congreso Internacional de Medicina celebrado en Madrid en 1903 Abd\u00f3n S\u00e1nchez Herrero fue secretario y ponente en la secci\u00f3n de Neuropat\u00edas con su m\u00e9todo de psicoterapia y en la de Patolog\u00eda present\u00f3 los resultados de sus \u00faltimas experiencias en el tratamiento Curativo de la Tuberculosis Pulmonar. 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