D. Abdón Sánchez-Herrero (1851-1904)


Catedrático de Patología Médica y precursor del hipnotismo y la psico-terapia



ESTADÍA DE ABDÓN SÁNCHEZ-HERRERO EN CUBA

 

El 30 de abril de 1874 recibe órdenes de trasladarse a Cuba formando parte del ejército expedicionario con destino a dicha isla con el grado de Capitán.

Cajal, en su libro “Recuerdos de mi vida – tomo I – Mi infancia y Juventud”, cuenta “que provisto de cartas de recomendación para el Capitán General y para otros personajes de la isla de Cuba,  y una vez recibida la paga de embarque, me traslade a Cádiz, desde donde debía zarpar el vapor “España” con rumbo a Puerto Rico y Cuba. Allí, en el puerto de Cádiz, nos juntamos varios compañeros, entre ellos Abdón Sánchez Herrero1 a quien acompañaba su señora y Joaquín Vela, simpático paisano y casi  condiscípulo mío, pues había terminado la carrera un año antes que yo”.

 La travesía duró dieciocho días.

Ya en Cuba, desde el 9 de junio de 1874 hasta el 5 de octubre de 1875, ostentó el cargo de visitador de los Fuertes de Puerto Príncipe (nombre con el que, por mucho tiempo, se denominó a la actual provincia y ciudad de Camagüey).

Copio aquí otro párrafo del referido libro de Cajal: Recuerdos de mi vida … “  “Días  después del reparto de plazas, zarpó el vapor que debía conducirnos a Nuevitas; en él nos embarcamos algunos médicos destinados al Departamento Central, con buen golpe de tropas de refresco para cubrir bajas. Un tren blindado nos trasladó en pocas horas desde Nuevitas, a través del manigual desierto, a la capital del Camagüey. Alojéme en la famosa fonda del “Caballo Blanco” donde se hospedaban también mis camaradas Joaquín Vela y Sánchez Herrero”.

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  1. D.Abdón Sánchez Herrero abandonó en Cuba la carrera militar y llegó, por su aplicación y talento, a Catedrático de Patología Médica de la Universidad de Valladolid. Después regentó esa misma cátedra en Madrid hasta su prematura muerte

 

Desde el 7 de octubre de 1874 hasta el 10 de Noviembre de 1875 estuvo destinado en la enfermería regimentaría de San Miguel de Nuevitas, ciudad igualmente enclavada en la provincia de Camagüey.

Las condiciones de vida en aquellas latitudes eran muy penosas. Por ejemplo, en el aludido libro Recuerdos de mi vida”, dice Cajal lo siguiente: “En la enfermería de Vista Hermosa, en plena manigua, la zona más asolada y despoblada por la guerra, al cuidado de más de 200 enfermos, casi todos palúdicos o disentéricos, procedentes de la columna de operaciones en el Camagüey, pésimamente alimentado y con un trabajo superior a mis fuerzas, no obstante la gran resistencia física que tenía, fui bien pronto atacado de paludismo, experimentando los terribles accesos febriles y las exaltaciones delirantes características de la enfermedad fue agudizándoseme la fiebre y hubo necesidad de llevarme a ocupar una cama en el hospital de San Miguel. (Como he indicado antes, en San Miguel de Nuevitas estaba destinado mi abuelo Abdón).

Al final, Santiago Ramón y Cajal, por agravarse en extremo su estado de salud, tuvo que ser evacuado a España (1876).

De todo lo expuesto se deduce que en esos años de campaña en Cuba, la vida de Abdón corrió paralela a la de Santiago Ramón y Cajal, como también, años más tarde, en la Universidad Central (1891-1904), ocupándose cada uno de su cátedra.

El 13 de enero de 1875 nace el único hijo que tuvo con Rafaela Margarita. Este hijo fue bautizado en la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad de Puerto Príncipe, imponiéndosele los nombres de Abdón Guillermo Pedro.

Posteriormente  a los destinos indicados estuvo prestando servicios en el batallón de cazadores de Alba de Tormes.

Las penas, amarguras y sufrimientos que experimentó mi abuelo Abdón durante la campaña en Cuba fueron grandes, porque su carácter independiente se avenía mal con la disciplina militar. Defendía siempre el interés de los soldados enfermos, oponiéndose a que marcharan a prestar servicios hasta su completo restablecimiento.

Cuéntese con que el paludismo aludido en párrafo anterior hacía verdaderos estragos en nuestro ejército, así como la fiebre amarilla o vómito negro, por otro nombre. A esta última enfermedad la llamaban los insurrectos “el patriota”, porque a ella se debía el fallecimiento de muchos soldados españoles.

Comprendiendo que este antagonismo con los jefes podría originar algún conflicto grave, solicitó y obtuvo la licencia absoluta (13 de julio de 1877).

A partir de la Paz de Zanjón (10-2-1878) y, una vez licenciado del ejército, pasó nuevamente a ejercer como médico rural en Jagüey Grande (cabecera de su jurisdicción, con 3798 habitantes, fundada alrededor de 1860).

Allí pudo ver el triste espectáculo que se daba en los ingenios con la esclavitud de la raza negra, que era objeto de unos tratamientos inhumanos. Respecto a esto, contaba en la intimidad casos verdaderamente horribles.

En su interior anhelaba el regreso a la patria y llegar a conseguir el ideal que acarició toda su vida: la enseñanza, y bien que lo logró durante su corta existencia, según se verá más adelante.

Regresó a España en el año 1880, fijando su residencia en Salamanca.

El 4 de enero de 1876 fue recompensado con la medalla conmemorativa de la campaña de Cuba con el uso de distintivo rojo por sus servicios prestados en la misma.

El 5 de julio de 1876 fue premiado con el grado de médico mayor por los distinguidos servicios que prestara en las operaciones y hechos de armas, ocurridos desde el 20 de febrero de 1875 a fin de mayo de 1876.

El 30 de mayo de 1877 fue nombrado Médico Director de la enfermería militar de Jagüey Grande, provincia de Matanzas (Cuba), cuyo cargo desempeñó gratuitamente durante dos años, mereciendo las gracias más expresivas del Excmo. Sr. Comandante General de Matanzas, con la promesa de hacer presente este servicio al Ministerio del ramo.

El 23 de junio de 1877 fue nombrado Médico Municipal Forense de dicho Jagüey Grande, ocupación que ejerció , igualmente de forma gratuita y honorífica, hasta el 1º de mayo de 1880.

Vacunó y revacunó gratuitamente a las fuerzas de la zona milita de Jagüey Grande, mereciendo por ello también el reconocimiento de la primera autoridad militar de la misma.